Ejemplos ?
¿Fué suicidio? ¿Fué crimen cometido por persona interesada en que muriese el propietario de Mon- talván? ¡Misterio y siempre misterio!
— Maenza. —Santa Lucía de Conchan. —Feria. —Mon térrico. —San Lorenzo de Valleumbroso, — Zelada de la Fuente. — Casafuerte. —Otero.
Cuando quince minutos más tarde se congregaron las mon- jas, el señor Las Heras dijo á la superiora: — Madre abadesa, contad vuestras ovejas.
Tres hermanas de Lisboa eramos, enhoraboa, y as duas casar con loa y a mí monja querer mon pay, ora folgay y también o quer miña may, ora folgay.
Bolívar tuvo que renunciar á su político ideal, porque le faltaron colaboradores del temple é iluslrac.ón de Mon'.cagudo; y abrumado por las decepciones, fué á morir, víctima de la tisis, en el hospitalario hogar de San Pedro Alejandrino.— De él, mejor que de Napoleón, puede decirse con un poeta:— Des- pués de Luzbel, ni ángel ni hombre han caído desde mayor altura.
Sigue su camino, dichoso y admirado de existir, grato a las cosas que lo contemplan, al perfume de los azahares del mon­te que lo exaltan, seguro de poder sonreír a so­las, si quiere, pues nadie como él ha redimido y asegurado su vida por medio de un grande y eterno amor.
—Saqúese copia certificada de esta nota; y, agre- gándose á los autos seguidos sobre el asesinato del coronel D. Bernardo Mon- leagudo, tráigase.— Tres rúbricas de los señores Unanue, Salasar y Larrea Loredo.
-. Tus flotantes ropas vierten un perfume mas voluptuoso que el tilo y el tamarindo de nuestras mon- afias... Tu aliento quema mis sentidos — Oh mi bizarro rey!; Esposo mio!
Quedó el general Racedo en ver al comandante José García, feje del 9º de línea, pero no pudo hacerlo. Don Natalio Roldán y yo hicimos ver al capitán Mon, 2º jefe del 9º, con su propio señor padre, para que entrara a la revolución.
Podían los interesados consignar juros para la satisfacción de lanzas, y quedaban así relevados de este cargo cuando los productos llenaban el objeto. Así lo hicieron el conde de Mon- temar, eJ marqués de Lara, el conde del Portillo y otros.
Su acento francés aunado a su fúnebre porte le daban el aspecto de los antiguos condes versallescos... Su mirada era triste. —¡Cuánto agrado me causa su visita mon cheri' —exclamó la dama rica. —Vengo de prisa, madame.
Traigo una noticia infausta. —No me diga. ¿Qué, mon cheri? —Murió mi tía, la duquesa. —¡Cómo! ¡No puede ser! ¿De qué...? Apenas hace una semana nos vimos en el club.