Ejemplos ?
Con un robusto fraile carmelita se confesaba un día una mocita diciendo: -Yo me acuso, padre mío, de que con lujurioso desvarío he profanado el sexto mandamiento estando con un fraile amancebada, pero ya de mi culpa me arrepiento y espero verme de ella perdonada.
No pudiendo encontrar mejor partido, abrazaron las dos el prevenido: al escabullo encasan el casquete, y la alta empresa comenzó el cadete. Así que la mocita sintió la titilante cosquillita, a su madre pidió que desatara un nudo, para que algo más entrara.
Los bandoleros, admirados y temiendo que pudieran sorprenderlos, dejaron a uno de centinela, que se durmió. La mocita entró de puntillas para no despertarle, y limpió la caverna.
Degollación, que tal era el nombre de la mocita, tenía una cara más fea que el pecado de usura, y una voz de caña rota que el ciego rascador de guitarra sabía hacer soportable por la sal de su punteado.
¿Cómo decir a aquellos diecinueve años imprevisores, cándidos, floridos, que se uniesen indisolublemente a aquellos setenta y cinco achacosos, hediondos, envueltos ya en la atmósfera de la tumba? Doña Maura no se atrevía, no. ¡Vaya una ocurrencia del vejete, ir a chalarse por la mocita! ¡Qué hombres, qué incorregibles!
Su reverencia frailuna dio en padecer de distracciones cuando abría su libro de horas; y el médico boticario se preocupó con la mocita a extremo tal que, en cierta ocasión, administró a uno de sus enfermos jalapa en vez de goma arábiga, y en un tumbo de dado estuvo que lo despachase sin postillón al país de las calaveras.
Por los tiempos en que el padre Chuecas andaba tras la flor del berro y parodiando en lo conquistador a Hernán Cortés, vivía en la calle de Malambo una mocita, de medio pelo y todavía en estado de merecer.
La anciana metomentodo observa dos o tres días la cara del galán, y luego, un día, cuando se habla de bodas y de noviazgos, y en la conversación se entremezcla el futuro del matrimonio de la mocita que despierta todas las envidias de sus amigas, la de la nariz ganchuda dice: -El corazón me da que el mozo ese la va a plantar con la ropa comprada.
Inútil es que usted diga al fulano latero que no pone en duda las virtudes de su novia; que, por el contrario, la cree una santa y digna mocita; el testarudo hace como si oyera llover, y empieza por "un parrafito nada .
Delante de ella no me atrevo..., no me atrevo... ¡Tiene unas preguntas la mocita! Y cuando me mira tan seria, tan seria..., con esos ojazos tristes ––los de mi hermana, los de mi madre.
Pero yo sé lo que esta pensaba, aunque tan cristiana, lo sé. "¡Bobadas de hombres!" Y lo mismo piensa esta mocita, estoy de ello seguro.
Al meterse en la senda, donde revuelve y se alza el crucero, todo recubierto de viejo liquen de oro, una mocita aldeana, muy joven, salió de una casucha, llevando en la cabeza, en equilibrio, un cesto.