miserere

miserere

(Del lat. miserere, apiádate.)
1. s. m. RELIGIÓN Salmo número cincuenta cuya traducción en la vulgata empieza por esta palabra.
2. RELIGIÓN Canto solemne, compuesto a partir de este salmo, que se hace en las maitines de los tres últimos días de la semana santa.
3. RELIGIÓN Función que se hace en cuaresma ante alguna imagen de Jesucristo.

miserere

 
m. liturg. Salmo penitencial que empieza con esta palabra. Se introduce en los momentos de dolor y de una manera ritual en la Semana Santa y oficios fúnebres.
Canto compuesto sobre dicho salmo.
Ejemplos ?
-¡Digo! ¡No te diré más sino que hubo gachó que a estas horas debe estar con un cólico miserere! -¿Y le dio la Niña er clavel ar de Osuna?
Estaban obligados los belethmitas a reunirse los lunes, miércoles y viernes en la capilla, y a disciplinarse mientras durara el miserere; y los sábados, a son de campanilla, desde la puesta del sol hasta la media noche recorría un hermano la ciudad pidiendo sufragios por las ánimas benditas del purgatorio y conversión de los que se hallasen en pecado mortal.
¡Cómo Jesús se afligía...! ¡Qué voces tan plañideras el Miserere cantaban! ¡Qué luces, que no alumbraban, tras las verdes vidrïeras de los faroles brillaban!
«Oiga usté, -me dijo, parándose en firme antes de que yo pudiera jurar que ine había jurgao ar pelo de la ropa-, me voy porque he comío coles y me han sentao mal las coles, y ¡mardita sean las coles!...». Y na, que con aquello de las coles se largó como si le hubiera dao un cólico miserere.
-Pues yo, señor Montufar, no dejo que se me cocinen en el buche las palabras, y largo el arcabuzazo y venga lo que viniere; y digo y repito que no es justo penar de muerte los pecados de amor. -Buen cachidiablo será el tal condenado... De fijo que ha de ser peor que un cólico miserere. -¡Quedo, señor Montufar!
Sumaban ya seis mil pesos los entregados por fray Venancio, cuando una noche se sintió éste acometido de un violento cólico miserere, enfermedad muy frecuente en esos siglos, y al acudir fray Antolín encontró a su alter ego con las quijadas trabadas y en la agonía.
Así don Antonio Oré como su esposa doña Luisa fueron sepultados bajo el altar mayor, y en sus funerales las cinco monjas cantaron desde el coro el miserere, oficiaron la misa tres de los hijos, y el que llegó a obispo pronunció la oración fúnebre.
Y vamos adelante con el repertorio de doña María. Su hija, doña Ana de Urdanivia, tomose un atracón que la produjo un cólico miserere.
A lo que los mataperritos que rodeaban el tabladillo, azuzando al sayón que manejaba tijera y navaja, contestaban en coro: ::«Dele, maestro, dele, ::hasta que cante el miserere».
¿Lo diré? Sí; todas están preñadas. -¡Miserere mei, Domine!, responde sor Telesfora. ¿ En dónde estar podemos de parir seguras, si no bastan clausuras?
Alfonso quiso huir; pero una fuerza misteriosa lo mantuvo como clavado en el sitio. Entretanto, la procesión adelantaba por la plazuela salmodiando el fúnebre miserere y se detenía bajo el balcón.
En el siglo XVIII, cuando una vieja se caía de bruces, la culpa era de Voltaire; cuando un sochantre reventaba de un cólico miserere, la culpa era de Rousseau.