Ejemplos ?
Pálido como el mármol, la mirada fija con extravío en un punto invisible del espacio, rezando entre dientes, y con las manos convulsivamente enclavijadas, veló a la muerta y la acompañó hasta su último asilo.
se fueron y no sabemos más de ellas, y sin embargo nos acompañaron una noche teniendo la mirada fija en nuestros ojos inmóviles...
Erdosain quedábase sentado en el borde de una silla, la espalda arqueada, los codos apoyados en las piernas, las mejillas enrejadas por los dedos, la mirada fija en el pavimento.
En su sillón de paja se pasaban horas enteras, con la mirada fija en el suelo, apoyadas en las mejillas ambas manos, que parecían sarmientos por lo nudosas y retorcidas, y sobre la falda tenían un cuadradito de bayeta, con el que se cazaban las pulgas.
Y para llegar hasta mí, la pluma ha viajado a través de los continentes y de los mares, ha utilizado todos los recursos de la ingeniería civil y naval; para traérmela, el maquinista, colgado de su locomotora, ha pasado las noches, bajo el látigo de la lluvia, con la mirada fija en el vacilante fulgor que la linterna arroja sobre los rieles, y el maquinista del steamer, en la atmósfera febril de las calderas, ha espiado durante un mes la aguja de los manómetros, mientras el piloto consultaba la brújula y el marino interrogaba los astros.
yo ya iba a salir por la otra puerta, y de pronto, con la mirada fija en la mía, sentí que sus brazos se anudaban en mi cuello...
El coronel, receloso ya de que Vinet le había jugado una mala pasada, atribuyó la conferencia a alguna secreta insinuación de aquel mico judicial; se puso en guardia como cuando practicaba un reconocimiento en país enemigo: la mirada fija en el campo, atento al menor ruido; el espíritu alerta, la mano en las armas.
Sí, se casó con Manton, pero no creo que fuera tan liberal; no me extrañaría que le hubiera cortado la garganta porque descubrió que le faltaba esa cosa tan excelente en una mujer, el dedo medio del pie derecho". "¡Miren a ese tipo!", dijo Rosser en voz baja, su mirada fija en el extraño.
El tercer ataque comenzó una hora después, quedando Podeley desplomado en una profunda falta de fuerza y la mirada fija y opaca, como si no pudiera alcanzar más allá de uno o dos metros.
Un rayo de esperanza brilló en las amortiguadas facciones del salvaje; su mirada fija y penetrante se dilató en los ojos aterciopelados de la cristiana.
Al retirarme —andando hacia atrás porque no había espacio para dar vuelta—, vi la cabeza de la señora recostada a los pies del chivo, y la mirada fija, esperando.
Siempre que la miraba estaba seguro de encontrar sus ojos ardientes y sombríos con aquella mirada fija y penetrante en mi rostro, para pasar de pronto al de Steerforth, o tratando de mirarnos a los dos a un tiempo.