miniar

(redireccionado de minia)

miniar

(Del ital. miniare, pintar con minio.)
v. tr. PINTURA Pintar una miniatura.

miniar

 
tr. pint. Pintar [una cosa] de minia tura.

miniar


Participio Pasado: miniado
Gerundio: miniando

Presente Indicativo
yo minio
tú minias
Ud./él/ella minia
nosotros, -as miniamos
vosotros, -as miniáis
Uds./ellos/ellas minian
Imperfecto
yo miniaba
tú miniabas
Ud./él/ella miniaba
nosotros, -as miniábamos
vosotros, -as miniabais
Uds./ellos/ellas miniaban
Futuro
yo miniaré
tú miniarás
Ud./él/ella miniará
nosotros, -as miniaremos
vosotros, -as miniaréis
Uds./ellos/ellas miniarán
Pretérito
yo minié
tú miniaste
Ud./él/ella minió
nosotros, -as miniamos
vosotros, -as miniasteis
Uds./ellos/ellas miniaron
Condicional
yo miniaría
tú miniarías
Ud./él/ella miniaría
nosotros, -as miniaríamos
vosotros, -as miniaríais
Uds./ellos/ellas miniarían
Imperfecto de Subjuntivo
yo miniara
tú miniaras
Ud./él/ella miniara
nosotros, -as miniáramos
vosotros, -as miniarais
Uds./ellos/ellas miniaran
yo miniase
tú miniases
Ud./él/ella miniase
nosotros, -as miniásemos
vosotros, -as miniaseis
Uds./ellos/ellas miniasen
Presente de Subjuntivo
yo minie
tú minies
Ud./él/ella minie
nosotros, -as miniemos
vosotros, -as miniéis
Uds./ellos/ellas minien
Futuro de Subjuntivo
yo miniare
tú miniares
Ud./él/ella miniare
nosotros, -as miniáremos
vosotros, -as miniareis
Uds./ellos/ellas miniaren
Imperativo
minia (tú)
minie (Ud./él/ella)
miniad (vosotros, -as)
minien (Uds./ellos/ellas)
Pretérito Pluscuamperfecto
yo había miniado
tú habías miniado
Ud./él/ella había miniado
nosotros, -as habíamos miniado
vosotros, -as habíais miniado
Uds./ellos/ellas habían miniado
Futuro Perfecto
yo habré miniado
tú habrás miniado
Ud./él/ella habrá miniado
nosotros, -as habremos miniado
vosotros, -as habréis miniado
Uds./ellos/ellas habrán miniado
Pretérito Perfecto
yo he miniado
tú has miniado
Ud./él/ella ha miniado
nosotros, -as hemos miniado
vosotros, -as habéis miniado
Uds./ellos/ellas han miniado
Condicional Anterior
yo habría miniado
tú habrías miniado
Ud./él/ella habría miniado
nosotros, -as habríamos miniado
vosotros, -as habríais miniado
Uds./ellos/ellas habrían miniado
Pretérito Anterior
yo hube miniado
tú hubiste miniado
Ud./él/ella hubo miniado
nosotros, -as hubimos miniado
vosotros, -as hubísteis miniado
Uds./ellos/ellas hubieron miniado
Pretérito Perfecto de Subjuntivo
yo haya miniado
tú hayas miniado
Ud./él/ella haya miniado
nosotros, -as hayamos miniado
vosotros, -as hayáis miniado
Uds./ellos/ellas hayan miniado
Pretérito Pluscuamperfecto de Subjuntivo
yo hubiera miniado
tú hubieras miniado
Ud./él/ella hubiera miniado
nosotros, -as hubiéramos miniado
vosotros, -as hubierais miniado
Uds./ellos/ellas hubieran miniado
Presente Continuo
yo estoy miniando
tú estás miniando
Ud./él/ella está miniando
nosotros, -as estamos miniando
vosotros, -as estáis miniando
Uds./ellos/ellas están miniando
Pretérito Continuo
yo estuve miniando
tú estuviste miniando
Ud./él/ella estuvo miniando
nosotros, -as estuvimos miniando
vosotros, -as estuvisteis miniando
Uds./ellos/ellas estuvieron miniando
Imperfecto Continuo
yo estaba miniando
tú estabas miniando
Ud./él/ella estaba miniando
nosotros, -as estábamos miniando
vosotros, -as estabais miniando
Uds./ellos/ellas estaban miniando
Futuro Continuo
yo estaré miniando
tú estarás miniando
Ud./él/ella estará miniando
nosotros, -as estaremos miniando
vosotros, -as estaréis miniando
Uds./ellos/ellas estarán miniando
Condicional Continuo
yo estaría miniando
tú estarías miniando
Ud./él/ella estaría miniando
nosotros, -as estaríamos miniando
vosotros, -as estaríais miniando
Uds./ellos/ellas estarían miniando
Traducciones

miniar

VT [+ manuscrito] → to illuminate
Ejemplos ?
Si se estudiase a fondo la situación de la familia, se verían diferencias más graves. Minia vivía relegada a la condición de criada o moza de faena.
Los aldeanos no son blandos de corazón; al revés, suelen tenerlo tan duro y callado como las palmas de las manos; pero cuando no esta en juego su interés propio, poseen cierto instinto de justicia que los induce a tomar el partido del débil oprimido por el fuerte. Por eso miraban a Minia con profunda lástima.
No tardó en ser su consorte la moza con quien tenía trato, y de quien poseía ya dos frutos de maldición: varón y hembra. Minia y estos retoños crecieron mezclados, sin más diferencia aparente sino que los chiquitines decían al molinero y a la molinera papai y mamai, mientras Minia, aunque nadie se lo hubiese enseñado, no los llamó nunca de otro modo que «señor tío» y «señora tía».
Zurraba a Minia con mezcla de galantería rústica y de brutalidad, y enseñaba los dientes a su madre porque la pitanza era escasa y desabrida.
Para ellos, la Santa no era figura de cera, sino el mismo cuerpo incorrupto; del nombre germánico de la mártir hicieron el gracioso y familiar de Minia, y a fin de apropiárselo mejor, le añadieron el de la parroquia, llamándola Santa Minia de Tornelos.
El padre de Minia era molinero, y se había muerto de intermitentes palúdicas, mal frecuente en los de su oficio; la madre le siguió al sepulcro, no arrebatada de pena, que en una aldeana sería extraño género de muerte, sino a poder de un dolor de costado que tomó saliendo sudorosa de cocer la hornada de maíz.
Minia quedó solita a la edad de año y medio, recién destetada. Su tío, Juan Ramón -que se ganaba la vida trabajosamente en el oficio de albañil, pues no era amigo de labranza-, entró en el molino como en casa propia, y, encontrando la industria ya fundada, la clientela establecida, el negocio entretenido y cómodo, ascendió a molinero, que en la aldea es ascender a personaje.
El complemento del asunto -gentil, lleno de poesía, digno de que lo fijase un artista genial en algún cuadro idílico- era una niña como de trece a catorce años, que sacaba a pastar una vaca por aquellos ribazos siempre tan floridos y frescos, hasta en el rigor del estío, cuando el ganado languidece por falta de hierba. Minia encarnaba el tipo de la pastora: armonizaba con el fondo.
De esta temprana escuela de corrupción sacaba el muchacho pullas, dichos y barrabasadas que a veces molestaban a Minia, sin que ella supiese por qué ni tratase de comprenderlo.
Minia cargó con su brazado de paja, y se acurrucó no lejos del establo, temblando de frío y susto. Estaba muy cansada aquel día; la ausencia de Pepona la había obligado a cuidar de todo, a hacer el caldo, a coger hierba, a lavar, a cuantos menesteres y faenas exigía la casa...
No es decir que sus primos no trabajasen, porque el trabajo a nadie perdona en casa del labriego; pero las labores más viles, las tareas más duras, guardábanse para Minia.
Su prima Melia, destinada por su madre a costurera, que es entre las campesinas profesión aristocrática, daba a la aguja en una sillita, y se divertía oyendo los requiebros bárbaros y las picardihuelas de los mozos y mozas que acudían al molino y se pasaban allí la noche en vela y broma, con notoria ventaja del diablo y no sin frecuente e ilegal acrecentamiento de nuestra especie. Minia era quien ayudaba a cargar el carro de tojo; la que, con sus manos diminutas, amasaba el pan; la que echaba de comer al becerro, al cerdo y a las gallinas; la que llevaba a pastar la vaca, y, encorvada y fatigosa, traía del monte el haz de leña, o del soto el saco de castañas, o el cesto de hierba del prado.