Ejemplos ?
- dijo Alicia, en tono muy cariñoso, e intentó sin éxito dedicarle un silbido, pero estaba también terriblemente asustada, porque pensaba que el cachorro podía estar hambriento, y, en este caso, lo más probable era que la devorara de un solo bocado, a pesar de todos sus mimos.
Por argumento, la tragedia tiene la historia y la comedia el fingimiento, por esto fue llamada planipedia del argumento humilde pues la hacía sin coturno y teatro el recitante. Hubo comedias paliatas, mimos, togatas, atelanas, tabernarias, que también eran como agora varias.
Cuando aún buscaba los hijos para por ellos luchar. Y extrañaba sus caricias, sus mimos, su amor de entonces... Llegué a pensar que ya no le interesaba mi persona para nada...
No se le hacen a un sobrino los halagos, los mimos que hacían a aquel aparecido, procedente de una ciudad universitaria, donde había estudiado su carrera y vivido hasta el día, sostenido por una pensión que le pasaban unas señoras...
que por su severidad pueden situarse entre la comedia y la tragedia! ¡Cuántos de los más preclaros versos yacen entre los mimos! ¡Cuánto de Publio (lat.
Para la Niña está muy calurosa la sazón. Entonces el negro abrió la puerta, y la Niña Chole me empujó con mimos y arrumacos muy gentiles.
Las notas son epigramas filológicos; las traducciones mimos filológicos; algunos comentarios, en los que el texto es sólo el primer impulso o el no-yo, idilios filológicos.
Si tienes buenos vientos y me obedeces yo te he de dar el premio que te mereces; pero si eres muy loco, si eres muy malo, te daré pocos mimos y mucho palo.
Fortuné, al contrario, que había nacido con buenas inclinaciones, ha sido absolutamente estropeado por los mimos, y Dios no ha permitido que viviera más tiempo, porque cada día se habría hecho más perverso.
Gato alguno se ha visto jamás bautizado con un nombre más armonioso; pero el buen Florindo merecía ser de este modo distinguido, porque, según cuentan las crónicas, era una verdadera maravilla en su especie; era todo lo que se dice un gracioso gato que quería mucho a su dueña, y hasta le hacía mimos cuando aquélla le daba chulas, o sea, huevo frito, a lo que era muy aficionado, aun cuando, a decir verdad, le agradaba más una sardina fresca y sin otro adobo que el que había traído del mar.
Después de un reposo leve Sentarse a la mesa quiso: Presentóse el dispensero Y al Rey de Castilla dijo: -«Perdonad; no hay qué comer, Porque en vuestro domicilio Ni hay blanca para comprar Ni recado prevenido.» Fingió no alterarse el Rey, Y puestos los ojos vivos En el pomo de la espada Parecía entretenido. De este modo cubre el mar Con espuma sus vajíos, Su fuego el volcán con nieve, Su flecha el amor con mimos.
Doña Pacha, en su misma adhesión al santico, se alarmaba a menudo con los mimos y ajonjeos de Fulgencia, pareciéndole un tanto sensuales y antiascéticos tales refinamientos y tabaqueos.