milanés

milanés, a

1. adj. De Milán, ciudad de Italia.
2. s. Persona natural de dicha ciudad.
3. s. m. LINGÜÍSTICA Dialecto lombardo que se habla en Milán.
4. a la milanesa loc. adj/ loc. adv. COCINA Manera de preparar la carne, rebozada en huevo, empanada y frita.
NOTA: En plural: milaneses, milaneses

milanés, -nesa

 
adj.-s. De Milán.
Traducciones

milanés

Mailänder
Ejemplos ?
—El milanés maldito tenía su gente oculta para dejarte pasar, y con mano más segura, encerrado en esta calle, abrirte en su centro tumba.
Orazio Formi, poeta milanés, educado en Florencia, y después pretendiente en Roma, alcanzaba por fin en la capital del mundo católico el logro de sus esperanzas bien fundadas.
Sobre corchos después, más regalado sueño le solicitan pieles blandas, que al Príncipe entre holandas, 165 púrpura tiria o milanés brocado.
Se alinea con el ala revolucionaria del partido socialista, liderada por Arturo Labriola y envía correspondencia al periódico milanés Avanguardia socialista.
Hombre es el milanés en tramas ducho, y hay quien lo juzga de su patria huido, y que ocultos amaños ha traído, y en favor de Milán maquina mucho.
La arrogancia y brío de su persona, parecían reclamar una rica armadura cincelada por milanés orfebre, y un palafrén guerrero paramentado de malla.
Doña Ana de Alarcón, noble doncella, es en su corazón la preferida; mas ésta, desdichada cuanto bella, a un milanés muy noble prometida por su familia está, por lazo que ate políticas discordias elegidas, aunque la fuerza del dolor la mate.
SANTARÉN (Dentro.) ¿Compran peines, afileres, trenzaderas de cabello, papeles de carmesí, orejeras, gargantillas, pebetes finos, pastillas, estoraque y menjüí, polvos para encarnar dientes, caraña, capey, anime, goma, aceite de canime, abanillos mondadientes, sangre de drago en palillos, dijes de alquimia y acero, quinta esencia de romero, jabón de manos, sebillos, franjas de oro milanés, listones, adobo en masa?
Ya muy tarde entró en la sala, saludos y adulaciones recibiendo del concurso, con aire altanero y noble el conde-duque; se llegan los grandes embajadores para hablarle, el rey Felipe con gran cariño le acoge; y con él, y con el nuncio y un milanés, enredose en importante coloquio, que su atención regia absorbe.
El Nuncio tomó asiento a la cabecera, y el canónigo Mastai Ferreti fue colocado entre una prima donna italiana y una bailarina francesa, que juntamente con un tenor milanés, hacían parte de los convidados.
Agradecido a su buen milanés, como él le llamaba, el napolitano le procuró la amistad que más podía agradarle al poeta enamorado de todo lo francés, de todo lo que fuera siglo de oro y aun de los días de Luis XV; le hizo amigo de la famosa actriz y tiple ilustre Gaité Provenze, que en Italia quiso llamarse la Provenzalli, y así llegó a ser célebre en la península como antes en su patria lo había sido con su apellido verdadero.
Mas al llegarse a don Pedro a darle gracias, la gola le aferró con ambas manos el de Guzmán, con furiosa voz diciéndole: «¡Asesino, caiga en ti su sangre toda!» El milanés (que no era otro), que aquella sangrienta historia recordó viendo a don Pedro, dióse por puesto en la horca.