mies

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mies

(Del lat. messis, conjunto de cereales cosechados .)
1. s. f. AGRICULTURA Cereal maduro segar la mies; las doradas mieses cubrían toda la extensión del campo.
2. AGRICULTURA Tiempo de siega y cosecha de granos.
3. Valles cerrados donde están los sembrados, en algunas zonas montañosas.
4. s. f. pl. AGRICULTURA Sembrados o campos de cereales.
NOTA: En plural: mieses

mies

 
f. agr. Cereal maduro: segar las mieses.
Tiempo de la siega y cosecha de granos.
En las provincias montañeras de España, valles cerrados en donde los vecinos tienen sus sembrados.
fig.Muchedumbre de gentes convertida al cristianismo o pronta a su conversión.
pl. agr. Sembrados.
Sinónimos

mies

sustantivo femenino plural
sembrados.
Traducciones

mies

corn, wheat

mies

messe

mies

SF
1. (= cereal) → (ripe) corn, (ripe) grain
2. (= temporada) → harvest time
3. miesescornfields
Ejemplos ?
Yo siento, también, que el horror es bello, y amo la púrpura gloriosa de la sangre, y el saqueo de los pueblos, y a los viejos soldados crueles, y a los que violan doncellas, y a los que incendian mieses, y a cuantos hacen desafueros al amparo del fuero militar.
Cada cual es como es; hay a hombre o pueblo que tomar como Dios hacerle quiso: yo he cantado a mi patria sesenta años, a mi modo de ver como la he visto: gloriosa con sus fastos militares, grande con sus virtudes y sus vicios, prendida con sus tocas de castaños, de nogales, de almendros y de olivos, con su manto de mieses y viñedos y el cinturón de plata de sus ríos, piadosa con la fe de sus mayores, gaya con su carácter expansivo, y hermosa con su vello y sus lunares, morena tez y mosqueadores rizos.
Vengan con nosotros y esparcien sus miradas por la radiante perspectiva que embellecen los viñedos en los declives de la montaña, el verdinegro olivar entre cuyas ramas deja oír la tórtola solitaria su ronco arrullo; el áureo rastrojo, en que el ganado sestea; los blancos caseríos y las eras limpísimas, donde llegado que sea el crepúsculo vespertino, rendirán las resecas mieses su grano de oro a los rudos requerimientos de la cobra regida por el trillador, que turbará la solemne quietud del atardecer con sus canciones.
Pasada ya la tormenta, las flores y las mieses se abrieron y levantaron de nuevo en medio del aire puro y en calma, vivificados por la lluvia; pero el alforfón aparecía negro como carbón, quemado por el rayo; no era más que un hierbajo muerto en el campo.
Animará la virgen tierra la sangre de los finos brutos que da la pecuaria Inglaterra; irán cargados de tributos los pesados carros férreos que arrastran candentes y humeantes los aulladores elefantes de locomotoras veloces; segarán las mieses las hoces de artefactos casi vivientes; habrá montañas de simientes; como en litúrgico aparato se herirán miles de testuces en las hecatombes bovinas; y junto al bullicio del hato, semejantes a ondas marinas irán las ondas de avestruces.
Estos pueblos fronterizos no solamente han sido víctimas de los primeros estampidas del cañón enemigo, en el aciago año de 1.941, época en la cual sus hijos pusieron su corazón y patriotismo, como barreras de frontera, para frenar el avance de una guerra destructora de la armonía y de hogares, que era el cultivo brillante de esta zona, tanto como sus mieses, sus frondosos bosques de ceibos y cocoteros.
Faltábale tiempo al de Madrid, en cuanto se levantó a la mañana siguiente, para correr por la solana, tumbarse bajo un nogal y caminar errante por las mieses; para gozar, en fin, con la loca expansión de un colegial en vacaciones.
El aterciopelado verde de la campiña se había cambiado en otro más pálido y amarillento; segada y recogida la yerba de los prados y despuntados los maíces, las mieses habían perdido toda su lozana frondosidad; y su aspecto, aunque bastante más risueño que la primavera de Castilla, infundía cierta tristeza en el ánimo que le había contemplado dos meses antes.
Comía moras a lo largo de las cunetas, guardaba los pavos con una vara, segaba las mieses, corría por el bosque, jugaba a la rayuela en el pórtico de la iglesia y en las grandes fiestas pedía al sacristán que le dejase tocar las campanas, para colgarse con todo su peso de la cuerda grande y sentirse transportado por ella en su vaivén.
En los campos, las mieses ondeaban como el mar; en los ribazos crecían flores rojas y amarillas, y en los setos prosperaba el lúpulo silvestre y la florida enredadera.
Pero había también un campo sembrado de alforfón, frente al viejo sauce. Sus espigas no se inclinaban como las de las restantes mieses, sino que permanecían enhiestas y altivas.
Si las mieses o maderas incendiadas pertenecieren exclusivamente al incendiario, y si el fuego ha sido puesto con intención fraudulenta, las penas serán: en el primer caso previsto en este artículo, de prisión de seis meses a tres años y multa de cuarenta a cien sucres; y en el segundo caso, de prisión de dos meses a dos años y multa de cuarenta a sesenta sucres.