micer

micer

(Del cat. misser.)
s. m. HISTORIA Antiguo título honorífico de la corona de Aragón que se aplicaba a los letrados.
Ejemplos ?
En noviembre de 1543 se encuentra con sus compañeros Micer Paulo y Mansilla en Goa y se entrevista con el obispo de la ciudad, Juan de Alburquerque, para pedirle misioneros.
Para su palacio de Úbeda don Francisco había encargado, a través del embajador en Roma Micer Mai, una bellísima fuente de piedra.
De Jacopo Florentino (o Torni), de su estancia y muerte en España se tiene bastante noticia y documentación a través de su propio hijo Lázaro de Velasco, que también habla de su tío, micer Francisco el Indaco, hermano menor de Jacopo.
Procedía de Génova, donde alcanzó repetidas veces la jerarquia de Dux, Micer Domenico Adorno, y llegó a España en 1385, fundando casa en Jerez de la Frontera.
También, en diciembre de 1531, Micer Mai anunciaba la llegada a Alicante, junto a la fuente que aún conservamos, el envío de un busto de Apolo, "una de las buenas piezas de Italia"...
En la lírica destacan dos corrientes: La Escuela alegórico-dantesca, representada por: El micer Francisco Imperial, Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, que intenta introducir el petrarquismo del soneto (italianizante), Diego de Burgos, su secretario y criado del anterior y poeta también, Juan de Mena, que introduce con su Laberinto de Fortuna el gran poema alegórico a la manera de Dante Alighieri y compone su Omero romançado o Sumas de la Ilíada de Homero (h.1442-1444), prosificación en 36 capítulos de la Ilias -versión latina de la Ilíada -, por encargo de Juan II.
¡Claro! respondió Gringoire, extrañado por cal pregunta. Entonces, micer, tendríais la gentileza de explicarme... ¿Lo que van a decir?
El primer alumno que el doctor en decretales, micer Miles d'Isliers, veía llegar cada lunes por la mañana, sofocado, al abrirse las puertas de la escuela del Chef-Saint-Denis, era Claude Frollo.
Callaos, querida Lienarda le dijo su compañera, una moza guapa, lozana y muy endomingada. No es un letrado sino un seglar, así que no hay que llamarle maestro sino micer.
Sus amarillos pendones las águilas del Imperio ostentan, y lentamente las siguen con gran silencio. Micer Jorge de Austria, anciano de gran valor y respeto, va a su frente en un morcillo que hunde donde pisa el suelo.
El apuesto joven hizo ademán de retirarse, pero a las dos curiosas no les seducía abandonar la presa. Micer dijo abiertamente Gisquette, con el ímpetu de una exclusa que se abre o de una mujer que coma partido por algo : ¿Conocéis a ese soldado que va a hacer el papel de Nuestra Señora la Virgen, en la representación del misterio?
¡Oh!, no prosiguió Gisquette ruborizada. Es que Lienarda os ha llamado maestro y yo le he indicado que tenía que decir micer. Las dos jóvenes bajaron la vista y el otro, interesado en entablar conversación, las miraba sonriente.