metida

(redireccionado de metidas)

metida

1. s. f. Golpe dado metiendo de punta un arma blanca corta. puñalada
2. Impulso en la ejecución de un trabajo, adelantándolo o acabándolo buena metida le has dado a la poda del jardín. acometida
3. Gasto o consumo abundante de una cosa que se hace de una vez, en especial cuando se trata de comestibles o bebidas metida que le hace al vino, botella que se acaba. tute
4. Serie de golpes dados a una persona. azotaina, zurra
5. BOTÁNICA Conjunto de yemas y brotes que aparecen en una planta después de cada período de actividad vital.

metida

 
f. Acción y efecto de meter.
fam.Herida, puñalada.
fam.Zurra, azotaina.
fig.Impulso o avance que se da a una tarea.
fig.Tute, acometida que se da a una cosa en su uso o consumo.
Traducciones

metida

SF = metedura
Ejemplos ?
e vuelta a su casa, ya anochecido, don Julio Revenga -sentado en el tranvía del barrio de Salamanca, metidas las manos en los bolsillos del abrigo gabán con cuello y maniquetas de pieles- rumiaba pensamientos ingratos.
La fiesta, sea cual fuere su origen, - cada pueblo le da el suyo -, se ha impuesto, ha echado raíces profundas en toda la tierra civilizada y aun filósofos hubo que las han encontrado también en la misma naturaleza humana. Y las tiene, y así, bien metidas en su organismo.
Había en él periódicos franceses, Ilustraciones metidas en su fino camisón de seda, dos o tres cartas de satinado sobre y heráldico timbre, y, nota desaliñada en aquel concierto, otra carta más, cerrada consigo misma, sellada con obleas verdes, regado de gruesa arenilla el sobrescrito.
Con el entrecejo fiero, y las manos metidas en los bolsillos del pantalón, se encogió de hombros, preguntando: –¿Pero es posible que usted crea en la realidad de esos disparates?
Cuando le conté que había seguido estrictamente sus prescripciones y cuál había sido mi vida desde que no nos veíamos, se levantó del asiento y comenzó a pasearse por el cuarto a pasos contados y lentos, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la cabeza inclinada sobre el pecho.
El hermano Bartolo, que solía pasear orilla de la carretera rezando sus oraciones, con la cabeza baja y las manos metidas en las mangas del hábito, trababa todos los días conversaciones como ésta con las gentes de los pueblos comarcanos: -Hermano, ¿cómo va de salud por el pueblo?
Yo huve de quedar con estos mismos indios de la ysla mas de un año, y por el mucho trabajo que me davan y mal tratamiento que me hazian determine de huyr dellos y irme a los que moran en los montes y tierra firme que se llaman los de Charruco, porque yo no podia sufrir la vida que con estos otros tenia : porque entre otros trabajos muchos avia de sacar las rayzes para comer debaxo del agua y entre las cañas donde estavan metidas en la tierra : y desto traya yo los dedos tan gastados que una paja que me tocasse me hazia sangre dellos, y las cañas me rompian por muchas partes, porque muchas dellas estavan quebradas y avia de entrar por medio dellas con la ropa que he dicho que traya.
Con la canana llena de municiones, y el morral atestado de provisiones, la escopeta brillante como unas ascuas, el Coral tan alegre como unas Pascuas, la petaca bien llena de cigarrillos y las manos metidas en los bolsillos, salíme ayer al coto muy de mañana, dispuesto a no dejarme tórtola sana, ni perdiz, ni conejo que no matase, ni codorniz, ni liebre que lo contase.
n la ruta de Portillo por el culo le da durillo, hubo (aún escombros lo dicen) una venta en el orto. A su puerta una mañana estaba sentado un lego de San Francisco, tres mulas de los ronzales teniendo por el ano bien metidas.
Don Simón Antonio se quedó un momento pensativo, calculando lo que aquellas cuatro vacas tísicas metidas de sorpresa en el piño en cambio de otras sanas, le reportaban de ganancia, además del precio pagado, en vista de la buena calidad de las reses, por el incauto comprador.
Ya el muelle fiscal iba quedando en quietud; los guardas pasaban de un punto a otro, las gorras metidas hasta las cejas dando aquí y allá sus vistazos.
Pero ya los agravios de Micifuf la guerra comenzaban; ya los gatos trepaban la torre por escalas de sus uñas, más fuertes garabatos que los de tundidores y garduñas; ya por la piedra, entre la cal metidas, sin estimar las vidas, subían gatos y bajaban gatos, los unos, como bueyes agarrados, que clavan en las cuestas las pezuñas; los otros, como bajan despeñados fragmentos de edificio que derriban, que de su mismo asiento se derrumba.