meteoro


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meteoro

(Del gr. meteora, fenómenos celestes.)
1. s. m. Cualquier fenómeno atmosférico natural aéreo, acuoso, eléctrico o luminoso.
2. Persona o cosa que brilla mucho y con fugacidad ese señor fue un meteoro en el panorama político nacional.
NOTA: También se escribe: metéoro
Traducciones

meteoro

meteor

meteoro

meteora

meteoro

Meteor

meteoro

Meteor

meteoro

Meteor

meteoro

Метеор

meteoro

流星

meteoro

流星

meteoro

Meteor

meteoro

Meteor

meteoro

מטאור

meteoro

유성

meteoro

Meteor

meteoro

SMmeteor
Ejemplos ?
Por espacio de dos semanas enteras el cielo estuvo nublado, y, a pesar de que el meteoro brillaba en el firmamento, no podía verse.
Fueron hundidos además el pontón “Meteoro” (antigua escuela naval), la chata número 1, y la batería flotante, formada por dos lanchas cargadoras de lastre de cincuenta toneladas cada una y armadas con un cañón de grueso calibre a proa y otro menor a popa.
Nada concreto llegó a distinguirse en las tinieblas, aunque algunos creyeron ver desparramada por el cielo una enorme sombra aún más negra que la noche, una nube informe de humo que desapareció hacia el Este a una velocidad de meteoro.
Brilló una estrella fugaz, y en el mismo instante los pensamientos del niño se trasladaron desde los vapores del suelo a las alturas, junto al brillante meteoro.
Después, en 25 de diciembre de 1704, compareció un horrible meteoro que con su gran resplandor oscureció el día, y con su espantoso estruendo pasmó a grandes y a xicos.
El color, parecido al de las bandas del extraño espectro del meteoro, era casi imposible de describir; y sólo por analogía se atrevieron a llamarlo color.
Esto ocurrió en junio, alrededor del aniversario de la caída del meteoro, y la pobre mujer empezó a gritar que veía cosas en el aire, cosas que no podía describir.
Se levantó, haciendo ondular la cola de su graciosamente desmañado traje de interior, de «meteoro» malva, con bordados acachemirados y flequillos de seda floja; y, al dar la espalda a su interlocutor (aquel Francisco Javier Solano con el cual había flirteado tantas veces en tan diversas ocasiones), pudo él notar la plenitud que los treinta y tres años habían prestado a las bellas formas de Irene y el esplendor de su nuca, donde nacían, entre nácares y marfiles, rebeldes rizos cortos, aborrascados, como si un soplo ardiente los encrespase.
Pasó la noche, pasaron los días, las semanas y los meses; no supo, ni quiso saber nada de la desconocida que así había cruzado su vida, más bien que brillante meteoro, caprichoso candil, de luz empañada; ni se informó siquiera de lo que hubiera sido fácil indagar, conformándose con vivir como lo había hecho antes, pero no tan solo, ya que tenía un compañerito; aceptando con su jovial indiferencia de siempre las bromas sobre sus pasajeros amores, su paternidad y su viudez, cuidando como madre cariñosa a la pobre criatura que la suerte burlona le había regalado.
Cuando, con el traje del caso, pedido especialmente a Europa, volaba por esas calles, fantástico, transfigurado, saludando, gorra en mano, a sus muchas admiradoras, parecía "el Negro Rivas" un fin de siglo convertido en meteoro.
Noche de tenues suspiros platónicamente ilesos: vuelan bandadas de besos y parejas de suspiros; ebrios de amor los céfiros hinchan su leve plumón, y los sauces en montón obseden los camalotes como torvos hugonotes de una muda emigración. Es la divina hora azul en que cruza el meteoro, como metáfora de oro por un gran cerebro azul.
La Revolución de estos dos grandes pueblos, como un radiante meteoro, ha inundado al mundo con tal profusión de luces políticas, que ya todos los seres que piensan han aprendido cuáles son los derechos del hombre y cuáles sus deberes; en qué consiste la excelencia de los gobiernos y en qué consisten sus vicios.