mercero

(redireccionado de merceros)

mercero, a

(Del cat. mercer.)
s. COMERCIO Vendedor de artículos de mercería.

mercero, -ra

 
m. f. Persona que comercia en mercería.
Traducciones

mercero

merciaio

mercero

/a SM/Fhaberdasher, notions dealer (EEUU) (Andes, Caribe, Méx) → draper
Ejemplos ?
Vinet estaba enterado de todos las cosas que se dijeron acerca de los Rogron en los salones de donde los dos merceros estaban definitivamente desterrados.
Fue la sede de la asociación de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, formada por sederos, pañeros, lenceros, joyeros y merceros y constituida a finales del siglo XVII.
Se puede hacer con gran soltura en el dedo, por lo que se desaconseja totalmente el uso de cualesquiera bastidores. Y agujas, las que acosejen los merceros para cada caso, dependiendo del tejido.
Después de la fundación de Santa Fe, Juan de Garay repartió a sus soldados, tierras e indios; así, merceros de tierras más o menos extensas reciben en ese entonces vecinos de la zona.
Por todo ello, finalmente acabaron constreñidos en sus gremios tradicionales: velluteros, merceros, plateros, tenderos y buhoneros, que no tenían normas de exclusión, pero que acabaron siendo casi exclusivos.
Soportaba con una paciencia angelical la acritud de aquellos solterones que desconocían en absoluto los sentimientos dulces y que a diario le hacían sentir su dependencia. La vida que la joven llevaba entre los dos merceros, como entre las planchas de una prensa, aumentó su enfermedad.
A cualesquiera que no fuesen los ex merceros, la bretoncita les habría parecido adorable, con su falda de burdo paño azul, su delantal de percalina rosa, sus toscos zapatos, sus medias azules, su pañoleta blanca, las enrojecidas manos metidas en mitones de punto de lana roja bordados de blanco que el conductor le había comprado.
Así, en cuanto el señor Martener reveló la existencia de un tumor en la cabeza de la pobre víctima de los merceros, Celeste y el coronel hablaron del golpe que Petrilla se había dado la noche en que Silvia la obligó a marcharse del salón, y recordaron las crueles y bárbaras exclamaciones de la señorita Rogron.
En 1821, al cabo de cinco años de explotación, la competencia entre los merceros era tan viva y animada, que el hermano y la hermana apenas habían podido amortizar la tienda y sostenerla en su antiguo crédito.
Por otra parte, habían oído a su padre, siempre un poco chabacano y posadero, algunas recriminaciones. Los dos merceros examinaron la carta de los Lorrain a través de aquellos recuerdos poco favorables a la causa de Petrilla.
Según Silvia, la mujer apropiada para su hermano sería una muchacha estúpida, rica y fea que se dejara gobernar por ella. Los dos merceros se decidieron a negarse.
Provins, ese paraíso terrenal, excitaba en los dos merceros el fanatismo que todas las bellas ciudades de Francia inspiran a sus habitantes.