meollo


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meollo

(Del lat. vulgar medullum < lat. medulla , médula.)
1. s. m. coloquial Sustancia, fundamento o parte más importante o esencial de una cosa debemos conocer el meollo de la cuestión. esencia, sustancia
2. Sustancia interior de los huesos. médula, tuétano
3. Masa nerviosa contenida en el cráneo. seso
4. coloquial Inteligencia, entendimiento ¡a ver si usas el meollo antes de hablar! seso, juicio
5. Miga del pan.
6. no tener meollo una cosa coloquial No tener sustancia.

meollo

 
m. fig.Sustancia, fondo de una cosa.
fig.Juicio, entendimiento.

meollo

(me'oʎo)
sustantivo masculino
1. aspecto central de algo el meollo del problema
2. tejido nervioso del interior del cráneo En el accidente perdió gran parte del meollo.
3. sustancia que se ubica en el interior de los huesos En las radiografías no se percibe el meollo del hueso.
Sinónimos

meollo

sustantivo masculino
2 médula*.
Traducciones

meollo

midollo

meollo

Herz

meollo

cœur

meollo

hart

meollo

coração

meollo

serce

meollo

сърце

meollo

srdce

meollo

hjerte

meollo

sydän

meollo

心臓

meollo

심장

meollo

หัวใจ

meollo

SM
1. (Anat) → marrow
2. [de asunto] → heart, crux
el meollo de la cuestiónthe heart o crux of the matter
3. [de persona] → brains pl
estrujarse el meolloto rack one's brains
4. [de pan] → crumb, soft part
Ejemplos ?
-Pero si es que tú no ves claro en este negocio; si es que mi nena de mi corazón está por mí más día der sentío que yo por ella; si es que está que trina por mi persona. -Camará, eso es lo que a mí no me cabe en er meollo: que tú te pueas creer eso.
Sennores e amigos, lo que dicho avemos, Palabra es oscura, esponerla queremos: Tolgamos la corteza, al meollo entremos, Prendamos lo de dentro, lo de fuera dessemos.
Es la tal historia o sucedido de notoria insignificancia, si el lector no sabe pasar de las exterioridades del texto gráfico; pero restregándose en éste los ojos por espacio de un par de siglos, no es difícil descubrir el meollo que contiene.
Así no era extraño que los estudiantes saliesen de las aulas con poca substancia en el meollo, pero may cargados de ergotismo y muy pedantes de lengua.
Si la suerte le destinó a mero espectador de grandes sucesos, no es culpa suya ni de su tesón indomable, por el cual alguien dijo que el señor Boina tenía el meollo como la caja de una carretera: relleno de guijarros.
Que con paciencia y saliva, mi sabio compañero don Eduardo Benot, el ilustre autor del libro Ar- quitectura de las lenguas, se puso al frente del elemento nuevo, y secundado por don Daniel Cortázar y otros noveles acadé- micos, sin pelear batallas, pasito á pasito, mi vocablo hoy y otro mañana, hizo aceptar la lista de voces, que, por entonces, publicó El Comercio, Como la charla va haciéndose larguita, pongámosla remate y contera entrando en el meollo del artículo que la ha mo- tivado.
Acercábase a los vendedores de cerdo a pedirles precio de embutidos, examinaba codicioso las sonrosadas cabezas de cerdo, hacíalas girar despacio bajo la impasible mirada de los ventrudos comerciantes de delantal blanco, rascábase tras de la oreja, miraba con voluptuosidad los costillares enganchados a los hierros, las pilastras de tocino en lonjas, y como si resolviera un problema que le daba vueltas en el meollo, dirigíase a otro puesto, a pellizcar una luna de queso, o a contar cuántos espárragos tiene un mazo, a ensuciarse las manos entre alcachofas y nabos, y a comer pepitas de zapallo o a observar al trasluz los huevos y a deleitarse en los pilones de manteca húmeda, sólida, amarilla, y aún oliendo a suero.
A propósito de este distintivo universitario, referiremos que en 1788, siendo Rector de la Universidad de Lima el conde del Portillo, consiguió, por influencia de éste, graduarse de doctor el teniente coronel de los reales ejércitos don Jorgje Escobedo, hombre de escasos estudios y de más escaso meollo.
Y el fraile, que era un calvatrueno y de poco meollo, se dejó seducir, fijándose más en el berrinche que iba a ocasionar a su superior que en el perjuicio a los intereses del convento.
Volver a ella no lo pensó ni un segundo. En medio del caos de su pobre meollo, quizá la única idea concreta y dominante era huir, alejarse mucho de su casa.
No se conformaba con esto la pícara cabeza, pues también había dado en la manía de consagrarse a la investigación de la verdad y de los orígenes de las cosas, y andaba vuelta tarumba con el problema del conocimiento, el sujeto y el objeto, la apariencia y la substancia, el fenómeno y el noúmeno y otras cuestiones baldías, que recalentaban al rojo blanco aquel pobre meollo, emperrado en dar vueltas, lo mismo que una devanadera, alrededor de enigmas que hasta la presente no se sabe que hayan encontrado solución satisfactoria.
-Hombre, que no eres tan pícaro como te juzgábamos, sin dejar por eso de ser un grandísimo bellaco -contestó un hombre de muchas canas y de regular meollo que era redactor en jefe de uno de los periódicos más populares de Jerusalén.