Ejemplos ?
He hecho mis viajes a bordo y me he estado acomodando, fatigado con la multitud de menudencias que me ocurren, falta de tiempo y mala disposición de mi espíritu.
Mi bienestar se compone de más menudencias que el de los otros mortales; tengo mis manías; si, por ejemplo, mis pares de botas no están alineados perfectamente, soy desgraciado un minuto; y varios minutos de desgracia hacen un día infeliz...
Es un error -díjome mi tío, el viejo y achacoso solterón, cruzándose la bata, porque sus canillas reumáticas pedían el acolchado abrigo con mucha necesidad- eso de creer que lo más influyente en nuestra vida son los sucesos aparatosos y grandes. No; lo que realmente nos hace y nos deshace son las menudencias.
Su engaste es de plata; su interior, bruñido; por fuera, tallado por un artista copacabaneño, el escudo nacional con todos sus símbolos y menudencias.
Tampoco detallaré los efectos que en el mayorazgo causaron la bata persa de su amigo y las tapicerías de la habitación en que le recibió. Conocido el tipo, es muy fácil la deducción de estas menudencias.
Es preciso que los Directores del Banco estén dispuestos a cubrir en el momento de 900 a 1.000 pesos que libraré contra ellos por el flete perdido, gastos de embarque y desembarque, pago del árbitro y porción de menudencias perdidas, especialmente los artículos comprados aquí para rancho.
Prefieren la moneda antigua y conocida, como son serratos y bigatos, y se inclinan más a la plata que al oro, no por afición particular que la tengan, sino porque el número de las monedas de plata es más acomodado para comprar menudencias y cosas usuales.
Y porque me atrasé en pagar la renta, me quieren quitar la tejera, señorito..., ¡la tejera, que es nuestro pan y nuestro socorro...! Raimundo se encogió de hombros, ¿Qué tenía que ver él con esas menudencias de pagos y de apremios?
¡Escrúpulos cándidos de Su Majestad! El que quiere vender la justicia la vende, como Judas a Cristo, sin pararse en menudencias ni en pamplinadas penales.
Pasando por alto la descripción del toril, situado en la esquina de Judíos, el lujo de las enjalmas, adornos de la plaza, distribución de la cuadrilla y otras menudencias, que no es mi ánimo escribir un relato circunstanciado de la función, vengamos al quinto toro.
Cuidar de menudencias para después de muerto, y no de los riesgos para no morir, quiere ser piedad, y no sabe; quiere parecer advertencia, y no puede: pretendió ser recato honesto, y quedose en melindre castigado.
Y si había llegado a la fama, era por algo. Al fin que nadie se percataba de menudencias capitalistas. Cuando el loco de mente normal se dio cuenta del público, salió cubierto de mil ropajes y adornos para trepar al ventanal con el fin de que lo vieran.