Ejemplos ?
Al verla, el Niño–Astro dijo a sus compañeros: —Mirad, bajo aquel hermoso árbol cubierto de hojas verdes está sentada una mendiga asquerosa.
Un cuerpo endeble, débil, desnudo, sin defensa natural, que mendiga el auxilio ajeno, blanco de todos los ultrajes de la naturaleza; que, a pesar de los esfuerzos de sus brazos, es pasto de la primera fiera, es víctima de cualquier enemigo; formado de materia blanda y fluida, que solamente tiene brillantez en el exterior; indefenso contra el frío, el calor, la fatiga, y en quien la inercia engendra la corrupción; temiendo a sus alimentos, cuya falta o exceso le matan; de ansiosa y aflictiva conservación, aliento precario, que no puede resistir, que se ahoga por repentino pavor o por inesperado ruido que hiere sus oídos; en fin, que para alimentarse, se destruye, se devora a sí mismo.
Y antes de que mi madre pudiera adivinar su intención, había cruzado el umbral y corría escaleras abajo, él, Su Excelencia en persona, al encuentro de la mendiga, para ahorrarle el costoso esfuerzo de subir a recoger su limosna.
María Rosario la miraba un momento, y luego sus ojos compasivos se tornaban hacia otra mendiga que daba el pecho a un niño escuálido, envuelto en el jirón de un manto: -¿Es tuyo ese niño, Paula?
María Rosario tomó en brazos al niño, y lo besó con dos lágrimas en los ojos. Al entregárselo a la mendiga le dijo: -Vuelve esta tarde y pregunta por el Señor Polonio.
Parecía pedir limosna, pues tendía la mano izquierda; pero el curita, que había sido estudiante, vio que lo que hacía la supuesta mendiga era una seña indecorosa.
En primer lugar era necesario queda cagada que se le presentaba fuese de una vieja mendiga y, para convencerlo, la vieja estaba obligada a obrar ante él.
Es amiga de la soledad, las fuentes la entretienen, los prados la consuelan, los árboles la desenojan, las flores la alegran, y, finalmente, deleita y enseña a cuantos con ella comunican. -Con todo eso -respondió Preciosa-, he oído decir que es pobrísima y que tiene algo de mendiga.
dijo al ver en la chimenea las violetas de León. Sí dijo Emma con indiferencia; se lo he comprado hace un rato a una mendiga. Carlos cogió las violetas, y refrescando en ellas sus ojos completamente enrojecidos de tanto llorar las olía delicadamente.
Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje con los trigos divinos, y sólo de Ti espero ¡Padre Nuestro que estás en los cielos! Recoge mi cabeza mendiga, si en esta noche muero!
¡Pluguiera a Dios, aunque fuese »doble, triple la distancia: »aunque fuese al fin del mundo; »aunque sola, a pie, descalza, »enferma y mendiga, hubiera »de hacer la larga jornada, »y cuantos fieros trabajos »puede sufrir la constancia »fuerza padecer me fuese, »con tal que a ver la tornara!» Y cuantos asuntos iba cambiando piadosa maña en tu querida difunta todos así remataban; como en sabia sinfonía, una juntamente y varia, donde en el tema que reina se convierten y rematan todos los nuevos concentos con insensible mudanza; o como en aquellas tristes canciones en donde cada estrofa es fuerza que acabe con unas mismas palabras.
Quiero, al resplandor del pino, tener y besar tu cara, y hallarla limpia de tierra, y con amor, y con lágrimas. Araño en la ruin memoria; me desgarro y no te encuentro, ¡y nunca fui más mendiga que ahora sin tu recuerdo!