Ejemplos ?
Y la francesa resistió, hizo melindres, una mímica de gratitud por la confianza que se le otorgaba, a que Avelino correspondió con otra de éxtasis y rendimiento baboso.
Y convencido el Melindres de lo cierto que era lo que decía, izó el ancla y salió a toda vela con dirección al establecimiento portátil del irascible zapatero, y -Güenos días, agüelito -exclamaba deteniéndose delante de éste, algunos minutos después.
Cuando la noticia de lo que había pasado llegó a oídos del Melindres, ilustre unigénito del Calderero, que llegó por conducto de Joseíto el Tulipa, uno de sus compadres de más alta jerarquía, quedose meditabundo el muchacho, enarcó las pobladas cejas, rascose sin necesidad la cabeza, echándose al hacerlo, sobre la frente el amplísimo pavero, y murmuró con voz de un tantico alcoholizadas inflexiones: -Pos lo siento, chavó, porque eso puée traer su miajita de cola.
Ama con resolución, y excusa la dilación: no llores tu cobardía cuando tengas mal despacho. Éste es el torno, y arriba la viuda que te cautiva está: si vuelve el gabacho, deja melindres de dama y haz llamar a su señor.
Para ti la vida está en el agua, mas yo acostumbro roer cuanto poseen los hombres: no se me oculta el pan floreado que se guarda en el redondo cesto; ni la gran torta rociada de sésamo; ni la tajada de jamón; ni el hígado, dentro de su blanca túnica; ni el queso fresco, de dulce leche fabricado; ni los ricos melindres, que hasta los inmortales apetecen; ni cosa alguna de las que preparan los cocineros para los festines de los mortales, echando a las ollas condimentos de toda especie.
Decía la mocita que los viejos son como los cuernos: duros, huecos y retorcidos. Melindres aparte, yo diré a ustedes en confianza, que si la niña hacía fieros al cascado galán, era por tener sus dares y tomares con un buen mozo llamado D.
Ella, con palabritas cortadas y melindres, dio a entender que su corazón no era de cal y ladrillo; pero que como los hombres son tan pícaros y reveseros, había que dar largas y cobrar confianza, antes de aventurarse en un juego en que casi siempre todos los naipes se vuelven malillas.
Esta manía hubiera podido convertirse en un goce para cualquier otro que no hubiese sido Zelamiro; pero al no estar suficientemente formado para tomarle gusto, sólo experimentó repugnancia, y quiso retirarse. Pero como el duque lo amenazó con toda su cólera si continuaba un minuto más con sus melindres, obedeció las órdenes.
¡Ah! (Fingiendo que se desmaya.) EL AUTOR.- Cuéntame, y déjate de melindres... LA MUSA.- Ayer al mediodía hubo tormenta en Madrid...
Ella cayó de rodillas, pidió perdón, mas nada enterneció a los hombres; la naturaleza había puesto bronce en lugar de corazón dentro de aquellos vientres. Nada más agradable que los melindres que hizo la pobre mujercita antes de obedecer, y Dios sabe cuánto los divertían.
Con este retrato, dicho se está que no hubo de parecerle mal bocado la cuñadita, y que ella no gastó muchos melindres para inscribir en el abultado registro de San Marcos al que iba por esos mares rumbo a Cádiz.
El rostro del tío Cerote a medida que aquel hablaba había ido perdiendo, poco a poco, algo de sus agresivas rigideces y, cuando aquel hubo puesto fin a su tentadora y hasta casi bien oliente perorata, repúsole haciendo por cerrar los ojos a la atrayente perspectiva con que pretendía matar en flor el Melindres sus vengativos propósitos: -No, muchas gracias, primero que pa jacer unas paces sa menester que haiga guerra; segundo que yo no tengo ganas ni de abrir la boca, y tercero que estoy esperando a mi uva pasa que ha dío a ver si cobra una composturilla a Elisa la Curruquito.