meli-

meli-

pref. Componente de palabra procedente del lat. mel, melis , que significa miel melífero; melifluo.

meli-

 
Prefijo procedente del l. mel, miel.
Ejemplos ?
Entonces se la conocía por Meli Padilla, y descollaba entre ese coro angélico que los revisteros califican de «juveniles beldades».
Nuestras relaciones, que los padres de Meli veían con agrado, llevaban el honestísimo fin matrimonial, pero a plazo algo largo, porque, en opinión de ambas familias, éramos dos muñecos.
Yo necesitaba terminar mi carrera y conquistar algo de posición a la sombra de mi tío, el influyente político que vicepresidía el Congreso, y Meli, por su parte, transformarse de chiquilla en mujer, pensar menos en cotillones y más en el serio deber de una futura madre de familia.
Trastornado andaba el mío a la sazón, porque Meli, según suele suceder (y es envilecedor que suceda), me traía literalmente enloquecido con sus coqueteos y sus caprichos perversamente infantiles.
La idea del suicidio me visitaba, como siguió visitándome después en otros accesos de dolor celoso; pero me lo callaba, porque temía la burla de Meli, que, despiadada, parecía complacerse en mi sufrimiento.
No diré que Meli sostuviese relaciones con otro al mismo tiempo que conmigo; no era eso; era que, con novio oficial y todo, no renunciaba a su corte de adoradores, a sus flirteos, a componerse, divertirse, reír, andar del brazo de Periquito y Menganito y bailar como una peonza.
Llegó el momento de la fiesta, de la cual se hablaba mucho en Madrid, y a las nueve, una hora antes de la señalada para la llegada de los reyes, entré en el edificio, engalanado con plantas, tapices y flores, y reconocí el terreno. A la media hora apareció Meli, hecha una preciosidad: mi sangre dio un vuelco...
Comprendí en un momento el peso de mi cadena, lo hondo de mi cuita de amor... Y mi resolución celosa se afianzó: Meli no bailaría con nadie aquella noche, ¡voto a Satanás!
Me reprimí, no sé por qué esfuerzo íntimo, y afectando desdén, murmuré: -¿Contrariarme? ¡Bah!... A Meli, ¿quien la toma por lo serio?
Se verificaría en el local destinado a exposiciones, y se contaba con que asistiesen de dos a tres mil personas. No había que pensar en que Meli se quedase en casa durmiendo pacíficamente.
Convencido de la inutilidad de mis esfuerzos, iba, sin embargo, a ejercer el derecho del pataleo, protestando nuevamente, cuando una idea genial me cruzó por la imaginación. -Meli -dije-, ya que no renuncias a asistir, renuncia al menos a bailar.
El amigo estaba zumbón, irónico. -¿Sabes -me dijo- que he bailado el cotillón anoche con tu adorado tormento, con tu Meli? Me contuve por no llamarle embustero, y me limité a decir: -¡Ah!