Ejemplos ?
Poseía, no obstante, como otros muchos Cristos legendarios, cierta peculiar belleza, una sugestión romántica indudable. Sus melenas lacias caían sobre el demacrado pecho; sus pupilas de vidrio parecían llorar efectivamente.
Pasó la época de las grandes melenas y las extravagancias del artista: hoy el músico debe ser como todos, vestir a la moda, conocer el mundo y vivir como la gente.
Y, naturalmente, de la verdadera estética: el sentimentalismo de nuestro público y de nuestros jurados es el que trasudan Antony y cien dramones más; el de, el moralista (!!) del famoso mátala; el sentimentalismo de ojeras pintarrajeadas y melenas sucias, envejecido, descompuesto, maloliente, repulsivo, después de sesenta años de majaderías peligrosas a todo corazón sano; el sentimentalismo de folletín.
70 La que de tus sacrificios carezca no podría dar defensores, esa tierra, a sus fronteras: mas pueda, si tú quieres: ¿quién a este dios compararse osaría? 75 Los cierres abrid de la puerta: la virgen llega, ¿no ves que las antorchas sus espléndidas melenas agitan?
-Pero ¿qué fue lo que por fin pasó? -preguntó, ya impaciente, a su amigo el de las Melenas. -Toma, pos pasó lo que tenía que pasar: que la Niña fue a darle por fin el clavel ar de Osuna, y que cuando diba a dárselo, pegó el Talabartero un brinco, tal y como si le hubiera picao una tarántula, y que le quitó er clavel de la mano a la de los Lunares, y que la de los Lunares se queó echa una estatua, y que Perico se puso er clavel en el ojal de la chaqueta, y que se queó mirando ar de Osuna como si estuviera mentándolo la madre con los ojos, y na, que dio media vuelta después, y que después se fue jacia la calle diciendo: -¡Yo tamién he apostao que es pa mí el clavel, y que no hay quien a mí me quite este clavel de bengala!
Sobre ellas van mi cuerpo y mi cabeza, Como el diamante, al aire; y abundosa, Pelos me prodigó Naturaleza, De tal modo, que en siesta calurosa Mis melenas y barbas extendidas A mi persona dan sombra anchurosa.
Y como Leoncia ya había comprendido, y permanecía atónita, el viejo, con sonrisa indefinible, avanzó, puso los dos pies dentro de la chimenea enorme, metió la cabeza en la honda campana, y el fuego, prendiendo en sus melenas de acero claro y en su barba argentada, lo envolvió, consumiendo rápidamente su forma, mientras su voz cascada y lejana murmuraba, como en sueños.
¿Qué pueden los ceñudos? ¿Qué logran las melenas de las zarpadas tribus cuando la sed oprime? Sólo el poeta es lago sobre este mar de arenas, sólo su arteria rota la Humanidad redime.
-preguntábale al día siguiente Paco el Melenas a Juan el Pamplinoso, sentados ambos frente a frente en la taberna de Lola la de los Chapuces.
-Siempre es tiempo de aprender, y las mujeres no se parecen más que a las mujeres -murmuró con acento sentencioso el de las Melenas.
Sus cabecitas inclinadas, sus melenas sacudidas al viento, sus ojos a veces soñadores y tristes, el aire penseroso de este, los arrullos de tórtola solitaria de la pequeña...
- Tengo la impresión de que alguien nos sigue - exclamó Margarita; en efecto, algo pasó con un silbido; eran como sombras que se deslizaban por la pared, caballos de flotantes melenas y delgadas patas, cazadores, caballeros y damas cabalgando.