melancolía

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melancolía

(Del lat. melancholia < gr. melankholia, mal humor.)
1. s. f. Sentimiento de tristeza profunda y sosegada, habitual o circunstancial, originado por causas físicas o morales, a veces desconocidas las tardes de otoño me producen melancolía. aflicción, nostalgia, morriña alegría
2. SIQUIATRÍA Estado depresivo intenso, caracterizado por astenia, postración e inhibición sicomotriz y acompañado de insomnio. lipemanía

melancolía

 
f. Tristeza vaga, profunda y permanente.
psicol. En la psicosis maniacodepresiva, fase negativa caracterizada por una depresión del humor, por una tristeza fundamental, profundo pesimismo y pérdida de la iniciativa y de los intereses afectivos.

melancolía

(melanko'lja)
sustantivo femenino
tristeza y desinterés persistentes melancolía por la soledad
Traducciones

melancolía

Wehmut

melancolía

melancholie

melancolía

melancolia

melancolía

меланхолия

melancolía

忧郁

melancolía

憂鬱

melancolía

מלנכוליה

melancolía

우울

melancolía

melankoli

melancolía

SFmelancholy, sadness (Med) → melancholia

melancolía

f melancholy
Ejemplos ?
mi decisión, teniendo muy presente todas sus reflexiones. Entre tanto aquí sigo entre melancolías y resoluciones. A la fecha habrá Ud.
Que don Antonio Arnao, el fecundo poeta de Las melancolías, y don Francisco Fernández y González, miembro de cuatro Academias, Rector de la Universidad de Madrid y, aún mozo de veinte años no cumplidos, catedrático de Retórica y Poética, hombre de vastos conoceres, y sólida formación humanística, sean indulgentes conmigo en lo mucho que mi atrevimiento necesita.
Son harto soñadores; y la política es, como la tumba, la más desconsoladora de las realidades. Lamartine, el gran poeta de las melancolías y dulzuras, fué el más infeliz de los políticos.
onografía de PORTOVELO Por Virgilio Mendoza FISONOMIA.- Al pie de Zaruma y a la distancia de cinco kilómetros, se halla Portovelo, siempre impregnado de un ambiente plomizo y cargado con el carbón de la mina el azul-celeste de sus cabeceras. El Río Amarillo que se tiende a sus pies, corre turbión, monótono y orillado de melancolías pardas-cenicientas.
así como para distraer las brumosas y grises melancolías, helo aquí: Había en una ciudad inmensa y brillante un rey muy poderoso, que tenía trajes caprichosos y ricos, esclavas desnudas, blancas y negras, caballos de largas crines, armas flamantísimas, galgos rápidos, y monteros con cuernos de bronce que llenaban el viento con sus fanfarrias.
Con el mirar bajo, el cuello caído y los pisares lentos; va por la carretera llevando su carga infantil, que le transforma en nido ambulante. De tiempo en tiempo gira la cabeza hacia los serones y su sonrisa se acentúa, y en sus ojos replandecen cariñosas melancolías.
Este varón notable a quien llamaré don Máximo Robledal, me escribía, como digo, si no muy a menudo, por lo menos las veces suficientes para causarle al bueno de don Juan Boina berrinches, jaquecas, melancolías y desazones de toda especie, porque tenía determinado, en su fuero interno, que la única persona a quien don Máximo Robledal podía escribir en Marineda era a él.
Tomó un carácter trágico, fantástico Y sutil, Era la historia triste, desprestigiada y cierta De una mujer hermosa, idolatrada y muerta, Y para que sintieran la amargura, exprofeso, Junté sílabas dulces como el sabor de un beso, Bordé las frases de oro, les di música extraña Como de mandolinas que un laúd acompaña, Dejé en una luz vaga las hondas lejanías Llenas de nieblas húmedas y de melancolías Y por el fondo oscuro, como en mundana fiesta, Cruzan ágiles máscaras al compás de la orquesta, Envueltas en palabras que ocultan como un velo, Y con caretas negras de raso y terciopelo, Cruzar hice en el fondo las vagas sugestiones De sentimientos místicos y humanas tentaciones...
Y fue en vano que los cornetines rugiesen más alto la canallesca matchicha; que chillaran las muchachuelas perseguidas por audaces manos, y los cantores del Amor y la Muerte fuesen con el sombrero en la mano implorando una limosna, cayendo de golpe de las melancolías de la romanza a la miserable mendicidad.
Él agachaba la cabeza, como persona a quien consumen melancolías y cuidados: ella movía los labios secos, como si rezase, y la viveza de la claridad que la alumbraba descubría los surcos de su tez y el afilamiento de sus delicadas facciones, que parecían labradas en marfil rancio, muy antiguo.
el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Flotan brumosas y grises melancolías... ¡Pero cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo!
Dame chapinillos bajos, un manto corto y las llaves de las puertas. Ya tú sabes entretener los trabajos de una soledad, que allá cerrada, tal vez solías desmentir melancolías muchas tardes.