melancólico

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melancólico, a

1. adj. De la melancolía su melancólica mirada revelaba sus tristes pensamientos. lánguido
2. adj./ s. Que tiene melancolía cuando oigo sus canciones me pongo melancólica; los melancólicos suelen sentirse desgraciados. afligido
3. adj. OCULTISMO Se aplica al tercer cuadrante del tema celeste.

melancólico, -ca

 
adj. Relativo a la melancolía.
adj.-s. Que tiene melancolía.

melancólico, -ca

(melan'koliko, -ka)
abreviación
1. persona que siente melancolía Al partir del hogar es inevitable sentirse melancólico.
2. que inspira melancolía música melancólica
Sinónimos

melancólico

, melancólica
Traducciones

melancólico

melancholisch

melancólico

ADJ (= triste) → melancholy, sad; (= soñador) → wistful
Ejemplos ?
«Sí, estará malo, fijamente estará malo», pensaba algunas horas después llena de profunda inquietud Dolores, al par que registraba con sus hermosísimos ojos las verdes frondas del huerto; y cuando ya las melancólicas claridades del crepúsculo empezaban a matizar de misteriosas tonalidades el espacio...
Recóndito sadismo que late en cada uno de nosotros, por más bondadosos y sacrificados que aparentemos ser al escuchar furtivamente las quejas de los iracundos o las risas sarcásticas, irónicas, burlescas, picaras o melancólicas del mundo, de este mundo hecho para gozar y no otro...
Y apedreando al árbol, le llamó viejo CUAUITITLAN. Decidido, continuó su andanza y quienes lo seguían, iban delante tañéndole flautas de las que brotaban melancólicas músicas.
Cuando estaba alegre, le gustaba adornarse con preciosos cascabeles y salir a pasear por las noches entonando canciones melancólicas que el viento nocturno se encargaba de extender por todas las poblaciones.
El ropaje ampuloso en que los socialistas alemanes envolvían el puñado de huesos de sus “verdades eternas”, un ropaje tejido con hebras especulativas, bordado con las flores retóricas de su ingenio, empapado de nieblas melancólicas y románticas, hacía todavía más gustosa la mercancía para ese público.
Horas melancólicas, sujetas a la presión ingrata de la nostalgia, pero que se iluminaban con la luz lnterior del recuerdo, a medida que evocaba la memoria de mi infancia y que los cuadros serenos y sonrientes del pasado iban apareciendo bajo mi pluma, haciendo huir las sombras como huyen las aves de las ruinas al venir la luz de la mañana.
Aquel día, después de la siniestra excursión, Sumaj Majta había penetrado mudo, en su castillo. Inquill, su esposa, lo había esperado rodeada de sus servidoras, cantando dulces canciones melancólicas de su pueblo lejano.
En sus sueños vieron áureos desfiles de guerreros, calles de piedra en las cuales se elevaban palacios magníficos, fortalezas inaccesibles, pueblos sometidos, innúmeros rebaños, fiestas en las cuales al ritmo de danzas melancólicas giraban armoniosos los duros cuerpos de las jóvenes.
Ora sonaban melodías del primer baile, un minueto y una polca, ora notas suaves y melancólicas que hacían asomar las lágrimas a los ojos del anciano.
La belleza de la vida terrenal se filtra resplandeciendo como en el crepúsculo y las invisibles fuentes, arremolinándose, murmuran melancólicas, todo te arrastra hacia abajo, eternamente hacia abajo.» – ¡Pobre Raimundo!
El novio caía al suelo de golpe, como piedra que se desprende del monte y rueda, inerte y sorda, hasta el llano. Un año estuvo medio lunático el pobrecillo, haciendo mil extravagancias, ya melancólicas, ya furiosas.
Tenía notas melancólicas, tal vez tristes; pero, así y todo, lo vivificaba, le infundía calor, ánimo, aliento; descubríale horizontes, lontananzas que nunca contemplara en su vida, cual si el hombre moral se viese de improviso en alta cumbre que dominase extenso, dilatado panorama.