melancólico

(redireccionado de melancólica)
También se encuentra en: Sinónimos.

melancólico, a

1. adj. De la melancolía su melancólica mirada revelaba sus tristes pensamientos. lánguido
2. adj./ s. Que tiene melancolía cuando oigo sus canciones me pongo melancólica; los melancólicos suelen sentirse desgraciados. afligido
3. adj. OCULTISMO Se aplica al tercer cuadrante del tema celeste.

melancólico, -ca

 
adj. Relativo a la melancolía.
adj.-s. Que tiene melancolía.

melancólico, -ca

(melan'koliko, -ka)
abreviación
1. persona que siente melancolía Al partir del hogar es inevitable sentirse melancólico.
2. que inspira melancolía música melancólica
Sinónimos

melancólico

, melancólica
Traducciones

melancólico

melancholisch

melancólico

ADJ (= triste) → melancholy, sad; (= soñador) → wistful
Ejemplos ?
Sabino se empeñó en llevarme a la casa de María del Martirio, no comprendiendo yo, al pronto, la razón de tal empeño. Luego él mismo acabó por confesarme que se aburría un poco en aquella vivienda melancólica.
-¡No delire usted, Capitán! -profirió Angustias con voz melancólica. Usted no ha entrado a esta casa como pupilo; ni nadie creería que estaba usted en ella en tal concepto; ni yo quiero que lo esté...
A la sazón nos hallábamos en el Principado, a tres leguas del enemigo. Era la noche en que Ramón debía desertar, noche lluviosa y fría, melancólica y triste, víspera de una batalla.
Junto a mí, unos ingleses jóvenes suspiraban emocionados por la dulzura melancólica de la música y de la noche, sintiendo ablandarse sus almas bajo un soplo de amor; y viendo yo la corona de luces del Víale del Colli que rasgaba la oscuridad en lo alto de un cerro, y a sus pies el Amo rumoroso y temblón reflejando las rojas serpentinas de los faroles por debajo de las arcadas del Ponte Vecchio, sentíame igualmente conmovido por la romanza, tocado por la emoción poética de los más bellos momentos de la vida, creyéndome por un instante más ligero, en, un mundo extraordinario, de atmósfera sutil y perfumada, donde los cuerpos tuviesen la fluidez de las almas.
A la puerta de un restaurante, unos vagabundos italianos entonaban otra romanza melancólica, semejante a la de Florencia, pero que parecía deshonrada por el lugar, lejos del dulce paisaje en que vio la luz, cortada a trechos por los chillidos del cornetín del vecino baile, interrumpida por el trotar de los borriquillos alquilones de Robinsón y los gritos de las muchachas que se bamboleaban sobre la silla, próximas a caer, mostrando sus piernas con el impudor del miedo.
---Mañana habeis de contarme Sin rebozo vuestra historia, Y si me engaño ireis libre, Si sois quien busco á la horca. A esta amenaza el incógnito Con sonrisa melancólica Dijo: ¡Si fuera posible Esa promesa engañosa!
Era la pareja vulgar y tierna, eterno modelo de los novelistas desde los tiempos de Murger; los dos amantes del barrio Latino, a cuyo amor dan la pobreza y las incertidumbres del porvenir una dulzura melancólica.
No sin melancólica nostalgia el estadista guayaquileño Vicente Rocafuerte, de la generación que ya actuaba en 1810, escribía en 1844 evocando el buen tiempo pasado: “ En aquella feliz época todos los americanos nos tratábamos con la mayor fraternidad.
A los pocos minutos la aeronave emprendía el vuelo hasta perderse en los azules espacios serenos, apenas algodonados de escasas nubes. Allá en la alturas, el despiadado sonreía al escuchar deleitosamente la romántica y melancólica melodía de su caja musical...
Su mirada, cargada de melancólica dulzura, volvió a posarse, complacida, sobre el arco encalado que se abría sobre una callejuela techada y tan estrecha que parecía un túnel enfardado de sombras azules.
Bella matrona, por la edad no ajada, aun muestra cuánto fué su edad primera en gracia y hermosura aventajada: aún brilla en sus miradas, hechicera, la luz de la pasión, y aun a despecho del pesar que la acosa, tiñen su bello rostro peregrino, y sus torneados hombros y alto pecho, el color del jazmín y de la rosa, que envidia dieran al pincel de Urbino. Hermosa, sí, se ostenta todavía a pesar de la nube que encapota su frente melancólica y sombría.
De cuando en cuando al enfermo el rostro pálido torna, contemplándole un instante con mirada melancólica; y viendo que aquél prosigue sumido en febril modorra, a sus papeles se vuelve, y en su trabajo se engolfa.