meditabundo

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meditabundo, a

adj. Que medita o reflexiona en silencio en actitud meditabunda contemplaba el mar. absorto, pensativo
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

meditabundo, -da

 
adj. Que medita, cavila o reflexiona en silencio.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos

meditabundo

, meditabunda
adjetivo
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Traducciones

meditabundo

pensive, thoughtful

meditabundo

ADJpensive, thoughtful
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
-Pos bien -dijo el Temblores, con acento reposado y expresión meditabunda- ustedes saben mú bien que yo ando cuasi en relaciones con Rosarito la Belonera, la hija mayor del señor Curro el Belones.
Los ojos de la de los Encajes se posan siempre indiferentes en los de su enamorado, queda un instante meditabunda y murmura después encogiéndose de hombros: -Y qué se le va a jaser, «si a mí me parió mi mare pa otro mocito moreno».
Joseíto, tendido en la cama del señor Juan, miraba a éste con expresión triste y meditabunda; su imaginación estaba bien distante de allí; la imagen de su Rosalía no se apartaba un punto de su pensamiento, con sus grandes ojos febriles, su perfil bello y descarnado, sus labios exangües, enjoyados por una sonrisa de melancólico irresistible encanto.
Entonces con qué delicia contemplaba yo la expresión meditabunda de su mirada, que algunas veces se elevaba al cielo cual si buscara la explicación de algún misterio.
La pobre niña, triste y meditabunda, encerrábase en su camarote, o bien, pasaba las noches envuelta en una capa, sentada al lado de su hermano, que velaba en el timón.
Pero desde entonces tornose triste y meditabunda, sin que los cuidados de su hermano ni la tierna amistad de la hija del capitán, pudieran arrancarla a la sombría preocupación que la embargaba.
Y desdeñando ofertas y llorando sus pesadumbres en los brazos de su vieja, ganándose el sustento en el corralón de Los Cristos seguía Rosario, cuando una noche en que, rendida por el trabajo y acongojada por la enfermedad del Cachete, de la cual desde un principio había tenido noticia, dormitaba reclinada contra la pared sin osar hablar a su madre de lo que le dolía en el corazón, empujó suavemente la puerta de la sala el Cachiporra y sin, en aquella ocasión, solicitar el necesario permiso, colóse de rondón en ella, con el sombrero encasquetado hasta casi los ojos, las manos en los bolsillos de la cien y cien veces zurcida chaqueta y la cara triste y la expresión meditabunda.
Joseíto no se hizo rogar, y una vez que la guitarra podía desafiar al oído más experto y exigente, cantó con voz dulce y de simpático timbre: ::Corazón mío, no llores ::manque te mate la pena, ::y deja ya que te entierren ::por su carita morena. Consuelo le contempló meditabunda, y Joseíto siguió jaleado de modo entusiástico por el auditorio.
Las mujeres trajinaban, disputaban, se agarraban, daban de mamar a sus críos en plena calle; detrás de los tapiales, por los mezquinos huertos de coles y habas, a la sombra de un retuerto manzano, los enamorados se pasaban la tarde mano a mano y juntos. Y Querubina, meditabunda, triste, sublevada, murmuraba: «Son libres.
Y lo que acrecentaba mi indignación hasta convertirla en furor, era ver a la novia, la del rostro angelical, la de los ojos de luz y zafiro, comer con excelente apetito, y escoger con refinada golosina los mejores bocados. Onzas de sangre daría yo porque apareciese desganada y meditabunda.
Bajo la sombra gigante de aquel árbol bienhechor, su techo, que es un primor de reluciente totora, alza el rancho donde mora la prenda del payador. Ella, en el tronco sentada, meditabunda le espera, y en su negra cabellera hunde la mano rosada.
Entonces soltó el remo y se sentó en uno de los bancos. Su actitud era meditabunda. En su rostro tostado que la rizada y oscura barba encuadraba en un marco de ébano, brillaban los ojos de color verde pálido con expresión inquieta y obsesionada.