mechero

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mechero

1. s. m. Objeto de bolsillo que produce llama y sirve, por lo general, para encender cigarrillos me han regalado un mechero de resistencia eléctrica. encendedor
2. Tubo para la mecha en las lámparas de combustible.
3. Boquilla de una lámpara.
4. Cañón de los candeleros donde se coloca la vela. cubo
5. Ladrón que roba en establecimientos de venta al público y se esconde las cosas robadas entre las ropas y objetos personales.
6. mechero Auer TECNOLOGÍA El de gas consistente en un manguito impregnado de sales metálicas que se lleva hasta la incandescencia.
7. mechero Bunsen TECNOLOGÍA El que produce una llama de gran intensidad calorífica, que se usaba en los laboratorios.

mechero

 
m. Canutillo que contiene la mecha para alumbrar.
Cañón de los candeleros donde se coloca la vela.
Boquilla de los aparatos de alumbrado por gas, acetileno, etc.
Encendedor mecánico.
quím. mechero de Bunsen V. Bunsen.

mechero

(me'tʃeɾo)
sustantivo masculino
1. aparato que se utiliza para prender algo mechero de cocina
2. utensilio que tiene una mecha y sirve para dar luz o calor mechero de alcohol
Sinónimos

mechero

sustantivo masculino

mechero

, mechera
Traducciones

mechero

briquet

mechero

zapalovač

mechero

lighter

mechero

Feuerzeug

mechero

savukkeensytytin

mechero

upaljač, upaljač za cigarete

mechero

シガレットライター, ライター

mechero

라이터

mechero

isqueiro

mechero

tändare

mechero

ไฟแช็ก, ไฟที่จุดบุหรี่

mechero

çakmak

mechero

bật lửa

mechero

打火机

mechero

запалка

mechero

打火機

mechero

1 SM
1. (= encendedor) → cigarette lighter; (= estufa) → burner (Andes, Cono Sur) (= candil) → oil lamp
mechero BunsenBunsen burner
mechero de gasgas burner
mechero encendedor, mechero pilotopilot light
2. (CAm, Méx) [de pelo] → mop of hair
3. (= pene) → prick

mechero

2/a SM/F
1. (= ladrón) → shoplifter
2. (Caribe) (= bromista) → joker
Ejemplos ?
Con esto, el miedo pasó y el valle quedóse en calma; Mendo Abarca no volvió, ni a nadie se apareció Pérez en cuerpo ni en alma, - VI - En un salón adornado con alfombras toledanas, con pabellones de sedas, con mecheros y con lámparas, vestido de terciopelos festonados de oro y plata, cercado de taburetes y de cojines de grana, hay hasta cuatro personas en plática sosegada, que esperan como en familia alguna cosa que tarda.
Y así se inició el rito, sin más ruido que el agitarse de las enormes alas del cóndor que se debatía, el chispotear de los mecheros olorosos y el eco lejano y manso del agua que lloraba desde el río, en el fondo del valle solitario.
La sala, sin embargo, resplandecía como un ascua de oro, porque estaba iluminada con tres magníficos velones de Lucena de a cuatro mecheros cada uno y con algunas velas de cera que ardían en los candeleros de media docena de hermosas cornucopias, colgadas en las paredes sobre el rojo damasco que las tapizaba.
-¿Dice usté que por mo de un velón? -Sí, señó; por mo de un velón de cuatro mecheros. Supóngase usté que lo acababa de encender el amo de la posá, que era lucentino, y yo, que lo necesitaba, le digo: «Oiga usté, ¿me hace usté el favor de alargarme su paisano?
Niebla gris y densa empezaba a tender sus fluidos tules, y los mecheros del alumbrado, entre ella, amarilleaban y extendían su irradiación en fantásticos círculos de claridad, como ojos inmensos de mochuelo.
La mesa se veía en el centro, cubierta de blancos y limpios manteles y aderezada con flores y frutas. Un resplandeciente velón de Lucena, con los cuatro mecheros encendidos, daba luz a la mesa.
a cámara es espaciosa y sombría, con un amplio ventanal abierto a aquella hora crepuscular, la alumbran ya un velón antiguo, de latón martillado, de tres mecheros mortecinos, y la llama de la hoguera que cruje en una chimenea de piedra tallada, en cuyo liminar monstruos y figurillas burlescas se enlazan y luchan.
Principiaron a caer de la lucerna, de las galerías, de los proscenios altos, de las bambalinas, de los palcos terceros, papelicos rosas, verdes, azules, amarillos, blancos, grises, que como lluvia de pétalos de flores, inundaron el aire, tapizaron el escenario, alegraron los respaldos de las butacas y se quedaron colgados en los mecheros de gas.
Lord Arthur parecía no ver ni oír absolutamente nada, La noche era muy fría y los mecheros de gas alrede­dor de la plaza centelleaban, vacilantes, baja los latigazos del viento; pero él sentía en sus manos un calor febril y las sienes le ardían como brasas.
Luciana lo miró compadecida y dijo: –Yo te acompaño –así salieron juntos hasta la calle. La neblina encajaba en el callejón un cubo en el cual reverberaban tristemente los mecheros de los faroles de petróleo.
En ella se ordenó, que jamás habría mas que siete electores tudescos, por la razón perentoria de que un cierto candelero judío no había tenido mas que siete mecheros, y porque los dones del Espíritu Santo no son mas que siete.
Entregado a sus dulces imaginaciones no se encontraba capaz de abandonar aquellos lugares hasta que el reloj del Cabildo sonaba la última campanada de las doce, y las velas de los faroles comenzaban a bostezar en sus mecheros de lata.