marquesita


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marquesita

(Del ár. marqasita, marcasita.)
s. f. MINERALOGÍA Marcasita, sulfuro de hierro.
Sinónimos

marquesita

sustantivo femenino
Ejemplos ?
Pocas horas después de alcanzada la victoria, uno de los ayudantes del general puso en la pared esta inscripción: Una semana más tarde se alojaba en la misma choza la marquesita de Mozobamba del Pozo, peruana muy goda, y añadía estas palabras: En el Cuzco, último baluarte del virrey Laserna, había un partido compacto, aunque diminuto, por la causa de España.
La marquesa viuda de Montefrío, prendada de las virtudes de don Jacinto, y después de oír los consejos e informes del padre Atanasio, su confesor, había decidido tomar a don Jacinto para yerno, casándole con su hija, la marquesita, heredada ya y señora de una renta anual de más de veinte mil ducados.
Se afirmaba que la marquesita era fea y tonta; pero prevaleció la razón de estado; todo se concertó pronto y bien, y don Jacinto de la Mota era ya rico y marqués de Montefrío.
Y de cierto había entonces, en esta villa y corte de Madrid, no pocas damas de alto copete, cuyo talento y cuya hermosura eran muy inferiores a los de la marquesita; pero que completaban con el desenfado la carencia o la escasez de tan altas cualidades, e infundían vehementes pasiones y eran heroínas de mil galantes aventuras.
En una ocasión en que el humo era menos denso se le figuró ver... ¡no había duda! ¡Era la marquesita! La tenía enfrente. Ella le había visto a él mucho antes.
Yo también pretendo casarme con esa señorita, y como nuestra sangre no se ha de derramar por otra causa que pwr la libertad americana, me permito proponer á usted que confiemos á la suerte nuestra pretensión. Tiremos un peso al aire para ver quién gana la mano de la marquesita.
Cuando el príncipe-virrey se asomó al balcón de palacio para ver pasar la infantil comparsa, la más linda de las chiquillas, la futura marquesita de Villarrubia de Langres, que, representando a San Miguel, era el capitán de aquel coro de ángeles y serafines, se dirigió a su excelencia y le dijo: «Soy correo celestial, y por noticia os traía que es concebida María sin pecado original».
Y siempre fue un enigma para los admiradores del talento de Redlitz el por qué estuvo más de dos meses triste y preocupado, así como fue otro misterio para los admiradores de la hermosura de la marquesita de Polvareda verla empeñada en que tenía una voz admirable, cuando lo que tenía eran unos ojos de «date preso» y una cara y un talle de patente.
La marquesita pálida, interesante, esbelta, era un alma de Dios; fiel a su esposo, como era respetuosa con su madre; se había casado porque sí, y hacía el oso lo mismo, porque lo veía hacer al mundo entero.
Entretanto corría el tiempo como montado en velocípedo, y fuese que en el de San Javier entrara el resfriamiento, dando albergue a nueva pasión, o que motivos de conveniencia y de familia pesaran en su ánimo, ello es que de la mañana a la noche salió el muy ingrato casándose con la marquesita de Casa-Manrique.
- ¡Ah, ya decía yo! -Vengo de casa de la marquesita del Peñol: hasta ahora ha durado el baile. Francisco se ha ido a casa con los seis dominós que he llevado esta noche para mudarme.
Una noche, al retirarse Servando, oyó tocar a administrar en la parroquia vecina. Era para la marquesita. Una fiebre puerperal, cosa de días.