marquesa

marquesa

(Derivado de marqués.)
s. f. Pastel de chocolate.

marquesa

(Del fr. marquise, marquesina.)
1. s. f. Cubierta que se apoya sobre pilares en una parada de tren o autobús, o sobresale frente a la entrada de un edificio para protegerlo del sol, el viento o la lluvia. marquesina
2. Chile Especie de cama de madera fina tallada.

marquesa

 
f. Mujer de un marqués, o la que por sí goza este título.
Marquesina de la tienda de campaña.
Especie de sillón.
Traducciones

marquesa

marchioness

marquesa

marchesa
Ejemplos ?
Viudo el Regente y viuda la marquesa se unieron m facie ecleaicR ambas viudedades, y empezó el de Arredondo á mane- jar como propia la ingente fortuna de las dos niñas herederas de Apesteguía.
Pa- recía una princesa austriaca, y no una mujer de humilde origen. Por eso nadie dudaba de que fuera hija del gallardo y caballe- resco virrey Abascal en alguna aristocrática marquesa de Lima.
La Marquesa de Mozobamba del Pozo convida a usted al MATRIMONIO DE SU HIJA MERCEDES CON EL DoCTOR DON FaUSTINO DE LA Cueva y Salazar, á las ocho de la noche del dIa 25, pre- viniéndole QUE NO HABRÁ ROSARIO.
Dicha completa la suya, sólo enturbiada por la marquesa de X, una muchacha muy rica, tan morena como rubia la condesa, idéntica a ella en gustos y en inclinaciones, y hecha a disputarle el cetro de la hermosura por todos los medios y todos los sistemas que son de uso y costumbre en estos duelos de amor propio.
Cualquiera que hubiese escuchado estas conversaciones, hubiera creído que los censuradores de aquel adulterio, volverían despreciativamente su espalda a los adúlteros; y, sin embargo, a medida que el grupo, origen de tan varia y justa murmuración, llegaba cerca de los que se ocupaban en criticarlo, las injurias cesaban, en todos los labios aparecía una sonrisa de afecto, los hombres se quitaban el sombrero, inclinábanse las mujeres cortésmente, y palabras cariñosas de A los pies de usted, Marquesa.
Casó la condesa con un mozo joven y rico, noble y elegante, y la marquesa lo hizo al propio tiempo con otro que no le iba en zaga; dueñas de sus casas, hermosas y avarientas de goces, trocóse en odio la rivalidad que antes las dividiera; y la una por tener mejores trajes que la otra, la otra por dar más fastuosos bailes que la una, las dos, en fin, por ser reinas de la moda en la corte y fuera de la corte, gastaban sus rentas y empeñaban sus capitales con gran contentamiento de sus cónyuges que, rivales también, procedían sobre poco más o menos, lo mismo.
Xavier, si no eres capaz de respetar su sacrificio, no intentes hacerlo más cruel. La Marquesa de Tor se enjugó una lágrima. Yo murmuré con melancólico resentimiento: —¡Temes que no sepa respetar su sacrificio!
La marquesa había enviudado el año anterior. Por tal causa hallábase libre de competencias su contrincante y era sola en el dominio a que su belleza, sus títulos y su fortuna la habían hecho acreedora; tregua necesaria y providencial, porque los gastos iban en aumento con aquellas rivalidades, y apenas si dejaban al conde desahogo para mantener decorosamente a una muchacha a quien sostenía por lujo y por vanidad, más que por inclinaciones adúlteras y por instintos pecaminosos.
Y se quedó mirando partir la lujosa berlina, en pie sobre la acera y mascando el cigarro que se desvanecía en espirales de humo, mientras la Marquesa, oprimiendo entre sus manos las de Jorge, y volviendo hacia él su rostro henchido de promesas y de deseos, murmuraba a su oído con acento apasionado y febril: -¡Jorge mío, qué dichosa soy a tu lado!...
Mi señora tía la Marquesa de Tor me hace seña de que la siga, y me conduce a su cámara, donde llorosa y sola espera María Antonieta: Al verme entrar se ha puesto en pie clavándome los ojos enrojecidos y brillantes: Respira ansiosa, y con la voz violenta y ronca me habla: —Xavier, es preciso que nos digamos adiós.
o había en Lima, por los años de 1817, muchacha más pretendida que la linda Carmencita, hija única de la dos veces millonaria marquesa de X...
onocí en París a la marquesa de Roa, con motivo de encontrarnos frecuentemente en la antesala del célebre especialista en enfermedades nerviosas doctor Dinard.
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