mari-

mari-

pref. Componente de palabra procedente del nombre propio María , equivalente semántico de mujer marimandona.

mari-

 
Prefijo que establece relación con la mujer: marimacho, marisabidilla. Su significado es gralte. irónico o despectivo.
Ejemplos ?
Requerido por el diputado, a quien interesaba el lucimiento de los festejos, el cacique no había tenido remedio sino acceder, un tanto a rastras, a la exhibición de su hija, y a encargar a Madrid un suntuoso traje blanco elegido por la madre del diputado, y con el cual Mari-Virginia, tal era el nombre de la Reina, lo parecía en efecto cuando ocupó el trono de sedas, flores y ramaje que le estaba destinado.
¡Pues has de ver toros y cañas como yo pille al alcance de mis uñas al barbilampiño que te baraja el juicio! ¡Miren, miren a la gatita de Mari-Ramos, que hacía ascos a los ratones y engullía los gusanos!
Entre ese punto y el Chinchinal encontramos varios arreos, más ó menos numerosos, tordos de hacienda robada, y cerca de este último paradero en Mari-zuam, al Norte, tuvimos un pequeño encuentro con 25 indios al mando de un sobrino del ya citado Rauque, quedando seis de ellos en el campo.
Como estas peloteras eran pan cotidiano, las muchachas de la vecindad, envidiosas de la hermosura de Benedicta, dieron en bautizarla con el apodo de Gatita de Mari-Ramos; y pronto en la parroquia entera los mozalbetes y demás niños zangolotinos que la encontraban al paso, saliendo de misa mayor, la decían: -¡Qué modosita y qué linda que va la Gatita de Mari-Ramos!
Era el de su ofiscio o cargo en el don Johán de la Coba, recabdador e deposcitario de las rentas e cabdales de la cofradía dicha que se era de la O, Mari Sancta Madre del Redemptor.
Sin entrar en este género de análisis, Mari-Virginia sentía como si en su corazón derramasen un vino añejo y que embriaga dulcemente, con dorada embriaguez.
Tal el caso de la enduendada Eleonora Duse, que buscaba obras fracasadas para hacerlas triunfar, gracias a lo que ella inventaba, o el caso de Paganini, explicado por Goethe, que hacía oír melodías profundas de verdaderas vulgaridades, o el caso de una deliciosa muchacha del Puerto de Santa María, a quien yo le vi cantar y bailar el horroroso cuplé italiano O Mari!, con unos ritmos, unos silencios y una intención que hacían de la pacotilla italiana una aura serpiente de oro levantado.
Yo que me vi entre Cochitehervite y Trochimochi fui como un rayo donde me llamaban. Estaban sentadas unas muertas a un lado, y dijo Cochitehervite: -Aquí está doña Fáfula, Marizápalos y Mari Rabadilla.
En cuanto á tus amenazas de hacerme lapidar, escucha lo que he hecho en pro de toda la Hélade: Si las mujeres, en efecto, llevaran su audacia hasta el extremo de matar á sus maridos buscando un refugio en sus hijos y queriendo excitar la piedad de éstos con la exhibición de sus pechos, llegarían á no dar importancia al asesinato de sus maridos, siempre que para él hubiese cualquier pretexto.
La melancolía del sexo, germen de la gran tristeza humana. El recuerdo de la Niña Chole perseguíame con mari-poseo ingrávido y terco.
Enfáticamente pronunciaban la palabra las mozas del servicio, las comadres de la barriada y las amigas y los parientes viejos. ¡Reina, reina de la belleza! ¡Ella, Mari-Virginia Rosón! Pero ¡qué cosas suceden!
Deste propio parecer fue Hugo Cardenal, sobre el capítulo 13 del "Apocalipsi", en aquellas palabras: "Vidi de mari bestiam ascendentem"..