maravedí

(redireccionado de maravedises)

maravedí

(Del ár. murabiti, relativo a los almorávides, que acuñaron esta moneda.)
1. s. m. COMERCIO, HISTORIA Antigua moneda española que ha tenido diferentes valores y calificativos.
2. no importar o importar algo un maravedí Tener muy poco valor o ninguno no les importó un maravedí que te fueras, de hecho, no te echaron de menos.
NOTA: En plural: maravedíes, maravedises

maravedí

 
m. Moneda española, efectiva o imaginaria, de diferentes valores y calificativos.
maravedí alfonsí, blanco o de plata Moneda castellana de plata del s. XV.
maravedí burgalés Moneda de vellón de los reinos de Asturias, León y Castilla, del s. XIII.
maravedí de oro Moneda de oro de los reinos de Asturias, León y Castilla, del s. XIII.
maravedí novén o viejo Moneda castellana de vellón, de los ss. XIV al XVI.
Traducciones

maravedí

SM (maravedís o maravedises (pl)) old Spanish coin
Ejemplos ?
En esto, los hombres poderosos que habían revuelto el cisco vieron que el pueblo se les venía encima, falto de los cimientos que ellos le habían socavado, y se decidieron a proclamar por soberano a cierto amolador, vecino del mismo pueblo, aunque ausente de él tiempo hacía, por revoltoso, el cual vecino les había anticipado algunos maravedises para preparar la conjuración contra el desterrado señor, en cuyo palacio tenía entrada y mesa, por ser el amolador de todas las herramientas de su majestad.
Su presentación sería hecha por el Obispo y el Presidente de la Real Audiencia de Quito, conforme al patronato Real. 30° El salario del cura sería de trescientos cincuenta pesos, de a cuatrocientos cincuenta maravedises cada uno.
Detúvose en la primera posada que encontró, y consumió alegremente todas las provisiones que había tomado para el camino. Con los dos maravedises que le quedaban, se bebió un baso de cerveza y continuó su viaje arreando su vaca.
Y en vista del informe que presentaron estos jueces, se mandó que algunos de ellos, después de habérseles dado una buena reprimenda, se restituyesen a sus casas con pasaporte para todos los registros del Parnaso y sendas cestillas en que se les puso su ración de pan, queso y pasas; y a los más contritos, por vía de ayuda de costa, repartieron las caritativas Musas de propio caudal unos cuantos maravedises.
Francisco de Alva y Guzman comisario de la limpieza, dijo que se gastan 38,000 maravedises en la misma,' a mas del sueldo de muchos oficiales, y que siempre esta todo sucio.
«Que sufra el bolsillo y no sufra el alma», o dijeron a una los feligreses. Y Fernández Estrada empezó desde ese día a hacer caldo gordo con los maravedises que cobraba por derecho de peaje.
Uno de ellos los reclamaba para hacerse limpiar las botas e ir a ver a un Ministro de la Corona que le había prometido suministrarle medios de publicar cierto periódico contra la dinastía; otro los necesitaba para afeitarse (en una barbería de quinto orden), a fin de ir a levantar un empréstito a casa de un banquero; y otro los pedía, con melodramática entonación, para comprar un sello de franqueo (que entonces valían justamente veinticuatro maravedises), y escribirle a una novia que había dejado en Granada.
No todo ha de ser desdichas. — Los bunuelos, que costaban a 18 maravedises la libra, quieren subirlos a 20. Me opongo como hay Dios.
Algún vecino de bue- na alma, á fin de aplacarlo, le daba unos maravedises de limos- na, y entonces el pedigüeño colocaba en el suelo la imagen del santo, bailaba alrededor de ella, y decía:— «Yo me llamo Juan Ajenjos, natural de Córdoba, y no soy el Tío C...alzonefi que decís.» Pues Alonso Alvarez tuvo la fatal ocurrencia de poner ese propio mal nombre, nada menos que al Asistente de Sevilla don Bernardino de Avellaneda, señor de Casti'illo.
A la vez que así nos sacaba roñosos maravedises para su majestad, echose su señoría a pesquisar a todos los empleados que tenían manejo de fondos públicos: tal revoltijo y gatuperio hallaría en el examen de algunas cuentas, que plantó en chirona a encopetados personajes responsables de éstas.
Carbajal se desciñó con toda flema la vaina de la espada (pues la hoja la había entregado a Pedro Valdivia al rendírsele prisionero), y alargándola al mercader le dijo: -Pues, hermanito, tome a cuenta esta vaina, y no me vengan con más cobranzas: que yo no recuerdo en mi ánima tener otra deuda que cinco maravedises a una bruja bodegonera de Sevilla, y si no se los pagué fue porque cristianaba el vino y me expuso a un ataque de cólicos y cámaras.
Con tal evangélica conducta, entendido se está que el padre cura andaría siempre escaso de maravedises y mendigando bodigos, sin que la estrechez en que vivía le quitara un adarme de buen humor ni un minuto de sueño.