maquinalmente


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Traducciones

maquinalmente

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Ejemplos ?
Este, sin abandonar su ocupación, fija la mirada en el yunque, sobre el que después de dejar a un lado el martillo se ocupaba en bruñir el broche de metal de una guarnición con una pequeña lima, comenzó a hablar en voz baja y entrecortada, como si maquinalmente fuesen repitiendo sus labios las ideas que cruzaban por su mente.
Yo no sé qué querían de mí aquellas mariposas, aquéllas precisamente, y no otras muchas que andaban también por allí revoloteando; yo no lo sé ni me lo he podido explicar nunca, pero lo cierto es que yo debía matar a una, y maquinalmente, no queriendo, no esperando cogerla, tendí la mano al pasar por la centésima vez junto a mi rostro, y la cogí y la maté.
Y se apretó la frente con las manos, y devolvió la bilis, que como onda amarga invadía todo su cuerpo, derramándose por las venas y haciendo amarillear su tez... Se miró al espejo maquinalmente.
Eso se aprende por instinto, por imitación, por rutina, maquinalmente como los animales, como las abejas; y por eso es que nuestros artesanos y labradores trabajan hoy sus obras como lo hacían ahora cien años, y como de aquí a cien años lo harán todavía.
Este pequeño incidente para volverle en sí basta, y sintiéndose arrastrado por una violencia extraña, por un superior impulso de aquellos que no se aguardan, sigue, cual can a su dueño, maquinalmente, a la dama.
Mientras la boquiabierta chiquillería estudia aquella borriquilla que luce ese cabezal tan lindo; que mueve la cabeza con las orejas tan quietas; mientras adivina cómo el Señor se sostiene tan bien sostenido sin montura y sin estribos, Rogelio sigue rezando, maquinalmente, sumido en aquel despertar para él tan inopinado.
Mientras procuraba, maquinalmente y en vano, quitarse la corbata, mirándose al espejo, exclamó en voz alta, para que doña Petra le oyera: -¡Lo barato es caro!
Mientras Iñigo hablaba, Fernando, absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con un cuchillo de monte.
No obstante, yo aprendí a leer antes que ella; y comprendía -lo recuerdo muy bien- lo que ella recitaba de memoria, maquinalmente, en una pastorela, donde bailaba y cantaba delante del niño Jesús, la hermosa María y el señor San José; todo con el gozo de las sencillas personas mayores de la familia, que reían con risa de miel, alabando el talento de la actrizuela.
Yo tenía la intención de sugerirle que la cediera a un museo. Dudaba si entrar en el tema cuando Peyrehorade volvió maquinalmente la cabeza hacia donde me veía mirar fijamente.
Impulsado de un sentimiento religioso, espontáneo e indefinible, eché maquinalmente pie a tierra, me descubrí y comencé a buscar en el fondo de mi memoria una de aquellas oraciones que me enseñaron cuando niño; una de aquellas oraciones que, cuando más tarde se escapan involuntarias de nuestros labios, parece que aligeran el pecho oprimido y semejantes a las lágrimas, alivian el dolor, que también toma estas formas para evaporarse.
Embebido en mis pensamientos, me sorprendí varias veces a mí mismo riendo como un pobre hombre de mis propias ideas y moviendo maquinalmente los labios; algún tropezón me recordaba de cuando en cuando que para andar por el empedrado de Madrid no es la mejor circunstancia la de ser poeta ni filósofo; más de una sonrisa maligna, más de un gesto de admiración de los que a mi lado pasaban, me hacía reflexionar que los soliloquios no se deben hacer en público; y no pocos encontrones que al volver las esquinas di con quien tan distraída y rápidamente como yo las doblaba, me hicieron conocer que los distraídos no entran en el número de los cuerpos elásticos, y mucho menos de los seres gloriosos e impasibles.