mantón


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mantón

1. s. m. INDUMENTARIA Y MODA Prenda femenina de abrigo, de forma cuadrada que, doblada por la mitad, se echa sobre los hombros llevaba un precioso mantón sobre el vestido. chal
2. INDUMENTARIA Y MODA Pañuelo grande con flecos, que se pone sobre los hombros como adorno o abrigo sobre el vestido negro llevaba un mantón rosa .
3. INDUMENTARIA Y MODA Cada una de las dos tiras de tela con que solían adornarse los jubones o corpiños de las mujeres.
4. Manta o conjunto de doce plumas del ave de rapiña.
5. mantón de Manila INDUMENTARIA Y MODA El de seda bordado que, originariamente, procedía de China.

mantón

 
m. Pañuelo grande y gralte. de abrigo.
mantón de Manila El de seda y bordado.
Sinónimos

mantón

sustantivo masculino
Traducciones

mantón

châle

mantón

scialle

mantón

shawl

mantón

шаль

mantón

sjaal

mantón

شال

mantón

披肩

mantón

披肩

mantón

Sjal

mantón

צעיף

mantón

ショール

mantón

목도리

mantón

Sjal

mantón

SMshawl
mantón de manilaembroidered shawl
Ejemplos ?
-Pa ná güeno será - murmuró sombríamente Joseíto, el que en toda la semana había podido olvidar la dureza de corazón de su maestro, al negarle a su compañero el anticipo que necesitaba para poder regalarle el mantón, por ella tan codiciado, a la hembra de sus amantes ensueños.
-Hasta luego -le contestó él; y se alejó silbando un aria de zarzuela, por la calle de Alcalá abajo, mientras Carmen se metía por la de Peligros, moviendo sus caderas, sobre las cuales se mecía un mantón de ocho puntas y exclamando en voz baja: -¡Vaya!
Y diciendo esto abrió la caja, y Currita se estremeció de gozo al ver brillar al sol que inundaba el establecimiento un mantón de Manila de larguísimos flecos y de vivísimos colores.
Qué requetebonita estaría ella con aquella falda de seda azul, con aquel mantón blanco y celeste ceñido de modo picaresco a su arrogante busto; con aquel collar en la redonda garganta, con aquellas arracadas de oro en lugar de los dos miserables aros de plata, cuya adquisición se remontaba a los tiempos en que casi andaba gateando.
Junto a aquella puerta, arrebujado el cuerpo en un mantón de puntas, con un pañuelo de seda caído sobre los ojos, la cara pintarrajeada y el ademán grosero y desenvuelto, había una mujer, una mercenaria del arroyo, una de esas mercenarias del vicio que se venden en la sombra, como temerosas de que la luz, mostrando sus miserias, disminuya su precio; una de las muchas víctimas que el hambre, la ignorancia y el abandono arrojan en medio de la calle, y que mendigan un pedazo de pan cuando brindan con placeres al transeúnte.
Y, comunicándolo con dos virotes y un mantón, sus amigos, acordaron que se pusiese por obra; que nunca para tales obras faltan consejeros y ayudadores.
Arropada en recio mantón de lana, y oculta la rica cabellera por un pañuelo de seda celeste, de vez en cuando sus manos de color de jazmines marchitos, crispábanse al estrechar el mantón, arrebujándose en él al conjuro del escalofrío.
Rosalía, reliada en el mantón y casi oculto el semblante por el pañuelo, una vez que hubo salido del corral, entornó la puerta, se dirigió jadeante hacia la salida del pueblo; por fin había conseguido enterarse dónde estaba su Joseíto; el Chusquel, en su diálogo con la señora Micaela, creyéndose a solas con ésta, no se había recatado de hablar del señor Juan el Pulío ni de la señora Pepa, su consorte; también se había enterado de que el enfermo mejoraba, pero que su impaciencia por verla era tan grande, que ya se hacía imposible casi retenerle.
¿Vender er jaco?... ¿Vender tus arracás de diamantes? ¿Vender tu mantón e Manila? -Y jasta er velo der paladá... ¿Tú qué sabes?...
-Lo que yo necesito es arrejuntar más pronto que se ice un puñao de jaras pa poer mercalle a mi jembra las mejores arracás y el mejor mantón de tos los que puean lucir en toíca la serranía...
-Pos lo que me ha dicho, platicando en prata fina, es esto: «Oiga usté, tía Candelica, ahora mesmito se echa usté er mantón y se va usté a la diligencia y me jace usté er favó de enterarse si se ha dío o no se ha dío mi hombre.» Eso fue lo que me dijo.
- exclamó frunciendo más que de costumbre el entrecejo el señor Frasquito - ¿No comprende ese alma mía que si la Rafaela acerta el mantón del Galafate, gustándole él más que el Galafate, la Rafaela no se merece ni que él le entorne el párpado, ni que la mire a la cara?