Ejemplos ?
¡Ah, mi azarosa Eugenia! Esta mi vida mansa, rutinaria, humilde, es una oda pindárica tejida con las mil pequeñeces de lo cotidiano.
Ella es luz hecha canto De ilusiones románticas. Ella es firme y suave, Llena de cielo y mansa. Ella es niebla y es rosa De 1a eterna mañana.
Veráse luego mansa y reposada la mar, que por sirena nos figura la bien regida y sabia edad pasada, la cual en tan gentil, blanda postura vista del marinero, se adormece casi a música voz, süave y pura, y en tanto el fiero mar se arbola y crece de modo que, aun despierto, ya cualquiera remedio de vivir le desfallece.
Angustias y su madre, al ver derrotado a su enemigo, habían procurado dos o tres veces llamarle la atención, a fin de calmarlo o consolarlo con su mansa y benévola actitud, pero él les había contestado por medio de rápidos y agrios gestos, muy parecidos a juramentos de venganza, tornando en seguida a su patriótica música con expresión más viva y ardorosa.
García Gutiérrez I Niño de blondos cabellos, süaves como la sonrisa del querub, que para jugar con ellos descienda mansa la brisa del azul.
La luna plateaba el paisaje hermosamente bravío; mansa brisa hacia ondular las ramas de los nogales y quejigos; de vez en cuando cruzaba el espacio con vuelo blando y silencioso alguna que otra ave agorera proyectando en las riscosas faldas su fantástica silueta fugitiva; el silencio de la noche era turbado únicamente por el sonoro latir de los mastines, que velaban en los blancos caseríos y por el lento caminar de los contrabandistas que, jinetes en caballos enjutos y voladores, precedían y escoltaban las poderosas acémilas por las más ocultas veredas.
No sabes, alado monstruo, espanto de las aves, el oculto misterio de esa unión. ¡Junto a la mansa paz, atroz instinto de pillaje y de sangre!
Suspiró muy hondo, como para echar fuera toda la pesadumbre, y poco a poco se apaciguó; su condición era resignarse, aceptar lo dulce, rechazando mansa y tenazmente lo amargo.
No me haga usté caso, ¿pa qué?, si yo estoy loca, pero que loca del to, pero que loca de remate. -Vamos, mujer, no seas asina. ¡Camará, y con la ovejita mansa! ¡Vamos, mujer, que me has dejao jecho to una peana!
Un chusco Sevillano, mozo y rico, decidor y zambrero, amigo de los ganaderos y conocedor de las marcas de sus ganaderias, apadrinador de la gent de cuadrilla, acompañador de los encierros y presenciador de los apartados, donde gustaba lucir el potro cartujano, la manta jerezana, la espuela baquera y el castoreño apresillado, y gran partidario en fin de Costillares, halland sin duda largo el juego de Romero, cuyo riesgo no comprendia, y pareciéndole la ocasion oportuna para zumbarle en presencia de su rival, empezó á decirle con no poco esforzadas voces y dejo no menos provocador: «¡Bueno, señor incomparable, bueno: que vá á llevar ese toro mas pasos que las procesiones del viérnes santo! De matar se trata, que no de pasar esa obeja mansa.
Adiós, adiós, te queda, ya tu mar no veré cuando amorosa, mansa te ciñe y leda, como delgada seda breve cintura de mujer hermosa; Ni tu cielo esplendente, de purísimo azul y oro vestido, do sospecha la mente si en mar de luz candente la gran masa del sol se ha derretido; Ni tus campos herbosos, do en profundo ambiente me embriagaba y, en juegos amorosos, de nardos olorosos la frente de mi madre coronaba; Ni la altiva palmera, cuando en tus apartados horizontes con majestad severa sacude su cimera, gigante de las selvas y los montes; Ni tus montes erguidos, que en impío reto hasta los cielos subes, en vano combatidos del rayo circuidos de canas nieves y sulfúreas nubes.
Esperen ustedes á su mentecato Oviedo como esperan los judies al Mesías, que ese mamarracho volverá de Gobernador el día que lluevan cuernos sobre mi cabeza. ( Nota bene .— Su señoría militaba en el gremio de los solterones y era pescador de anchovetas en playa mansa).