mango


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mango

(Del lat. vulgar manicus.)
s. m. Parte o pieza por donde suelen cogerse ciertos utensilios, como una cuchara, una sartén o un martillo. asidero

mango

(Del ingl. mango < port. manga < tamul mankay, mango.)
1. s. m. BOTÁNICA Planta arbórea anacardiácea, de copa grande y espesa, hojas perennes, de flores pequeñas y amarillentas, y fruto en drupa, comestible. manga, pajo
2. BOTÁNICA Fruto de este árbol, oval, aromático y de sabor agradable.
NOTA: Nombre científico: (Mangifera indica.)

mango

(De origen incierto.)
s. m. Argent. Dinero, peso.

mango

  (del l. manicu)
m. Parte estrecha y larga por donde se coge con la mano un utensilio para usar de él.

mango

  (voz indostaní)
m. bot. Árbol de la familia anacardiáceas (Mangifera indica), de fruto comestible.
Fruto de este árbol.

mango

('mango)
sustantivo masculino
parte alargada de ciertos instrumentos para asirlos con la mano tomar el cuchillo por el mango

mango

('mango)
sustantivo masculino
árbol tropical de fruto amarillo de sabor dulce y agradable batido de mango
Sinónimos

mango


tener la sartén por el mango locución cortar el bacalao*, mangonear (desp.), manipular. sartén
Traducciones

mango

mangue

mango

mango

mango

mango

mango

mango

mango

mango

mango

マンゴー

mango

망고

mango

mango

mango

mango

mango

mango

mango

manga

mango

mango

mango

มะม่วง

mango

mango

mango

quả xoài

mango

芒果

mango

Манго

mango

芒果

mango

מנגו

mango

1 SM
1. (Bot) → mango
2. (Cono Sur) → dough, dosh
3. (Méx) → good-looking lad

mango

2 SM
1. (= asa) → handle
mango de escoba (para barrer) → broomstick (Aer) → joystick
mango de plumapenholder
2. (Argentina) (= dinero) → dough, dosh

mango

1. m. handle;
2. tropical fruit, mango.
Ejemplos ?
En el portal en que en otros tiempos se sentaba a tejer sus redes un pescador, alisaba el mango de su azadón un fornido vizcaíno...
El mango de su machote (pronto deberá cambiarlo por otro; tiene ya poco vuelo) estaba perfectamente oprimido entre su mano izquierda y el alambre de púa.
Si queda un pintor de santos, si queda un pintor de cielos, que haga el cielo de mi tierra, con los tonos de mi pueblo, con su ángel de perla fina, con su ángel de medio pelo, con sus ángeles catires, con sus ángeles morenos, con sus angelitos blancos, con sus angelitos indios, con sus angelitos negros, que vayan comiendo mango por las barriadas del cielo.
En África uno se muere de hambre no sólo en el desierto, sino también en la más compacta y vocinglera de las selvas. Allí donde verdea el mango o ríe el chimpancé, casi siempre acecha la flecha venenosa.
El cadí, a pesar de su edad, de un salto se puso de pie. Su diestra se apoyaba ahora en el labrado mango de oro de un puñal que le cruzaba la cintura.
Alguien me decía, hace unos meses atrás, que por qué no permitíamos que el sistema democrático –ese que llaman en Venezuela democrático–, madure, y yo le decía que, y aprovechando que he probado unos dulces de mango muy exquisitos aquí en La Habana, les ponía el ejemplo del mango, que en Venezuela se pierde porque no sabemos aprovecharlo, y le decía un mango madura cuando está verde, pero un mango podrido jamás va a madurar; de un mango podrido hay que rescatar su semilla y sembrarla, para que nazca una nueva planta.
Y murmurando así la tía Simona, deja las almadreñas a la puerta del estragal; cuelga la saya de bayeta con que se cubría los hombros, del mango de un arado que asoma por una viga del piso del desván; entra en la cocina, siempre seguida del chico, con la cesta que traía tapada con la saya; déjala junto al hogar; añade a la lumbre algunos escajos; enciende el candil, y va sacando de la cesta morcilla y media de manteca, un puchero con miel de abejas y dos cuartos de canela; todo lo cual coloca sobre el poyo y al alcance de su mano para dar principio a la preparación de la cena de Navidad, operación en que la ayuda bien pronto su hija, que entra con dos escalas de agua y protestando que «no ha hablao con alma nacía, y que lo jura por aquellas que son cruces...
La tía Simona, con el mango de la sartén en una mano y con una cuchara de palo en la otra, y acurrucada en el santo suelo, se cree más alta que el emperador de la China, y en más difícil e importante cargo que el de un embajador de paz entre dos grandes pueblos que se están rompiendo el alma.
Y la censurada costurera, que es una mocetona como un castaño, arroja al suelo la camisa que estaba cosiendo, y vuelve las espaldas con resuelto ademán al escrupuloso elegante, rapaz de trece años, listo como una ardilla y tan flaco como el mango de una paleta.
¿Que otro guerrero de cuantos vuelan como la saeta a los combates y a la muerte, tras el estandarte de Schiven, meteoro de la gloria, puede adornar sus caballos con la roja cola del ave de los dioses indios, colgar a su cuello la tortuga de oro o suspender su puñal de mango de ágata del amarillo schal de cachemira, sino Pulo-Dheli, rajá de Dakka, rayo de las batallas y hermano de Tippot-Dheli, magnifico rey de Orisa, señor de señores, sombra de dios e hijo de los astros luminosos.
No se olviden que un mango de los que gastan se lo paga el gobierno porque es con tasa subsidiada, y esto genera que por cada peso ustedes puedan gastar 6,25 pesos sin ningún tipo de interés en 12 cuotas, es bueno saberlo también.
El caudillo toca por tres veces con el mango de su yathagán, y el cobre restaña, produciendo un sonido metálico y misterioso que se pierde vibrando con el rumor de las olas.