Ejemplos ?
Ahí es cuando escucho que uno, pienso que era el petiso Ulla, por el lugar de la voz, decía: “hijo de puta”; y otro que decía -creo que era uno de los tucumanos-, que decía; “ay, mamita querida”.
En su agonía, Febril y estertoroso, repetía: "Madre la selva canta, y canta el bosque y canta la llanura, y el roble que a las nubes se levanta, y la flor que se dobla en la espesura, y las alondras al emprender el vuelo, y las hierbas que bordan el barranco". Y al expirar el niño, en noble anhelo, Dijo: "¿Verdad, mamita, que en el cielo Dios le dará un violín al pobre Yanko?"
Recoge su sombrerito, y bajo un sol que lo abrasa, paso a paso vuelve a casa con aire humilde y contrito. "Confieso mi gran delito y purgarlo es menester", dice a la madre; "has de ver que nunca más seré malo, ¡oh mamita!
Y ahora, pipiolitos, a rezar conmigo un rosario de quince misterios, y después entre palomas, besando antes la mano a mamita y a papaíto para que Dios los ayude y los haga unos benditos.
Pura boca, estaquiador de infelices como Segundo, y ni eso siquiera, porque desde lo del poncho está como avestruz contra el cerco. -En fin, Severo, te repito que no, que no lo hagás más, porque si mamita se enfermara, yo no tendría perdón de Dios.
Te aseguro que adentro no hay nadie ¡La sirvienta fue al mercado…! De improviso la extraña voz interrumpió la discusión… ¡Ya llegó mamita…!
El galán no tardó mucho. -¡Severo! ¡Si esto no concluye no te vuelvo a mirar la cara, le digo todo a mamita, y se acabó!... -¡No seas sonsa!
¡Ya llegó mamita…! Sí, mi hijito, ya llegó tu mamita… mi vida…respondió la mujer… No me decía que nadie… y la mujer sonrió… y al momento… sin permitir que su interlocutor terminara de decir lo que quería… dejó escapar una ruidosa y chillante carcajada… De modo que… y reía… que… que… y seguía riendo… ¡Qué chistoso!
Y encerrábase en su cuarto, en su recatada alcoba, a llorar al pie de una imagen de la Santísima Virgen Madre, a llorar mientras susurraba: «el fruto de tu vientre...». Una vez que tenía apretado a su seno a Ramirín, este le dijo: ––¿Por qué lloras, mamita?
Emerenciana, que aquella noche no dormía -ni las otras tampoco- la tomó en sus brazos, consolándola y haciéndola acostar de nuevo: -Sosieguesé, mamita, no haga caso, que esas son pavadas y no volverán a suceder...
y hasta lo habrá todavía, un pueblo muy grande y muy bonito, llamado Villa de Rescatados. En ese pueblo nació mi mamita María de la O.
Tal vez por eso el alcalde mayor y los alguaciles le disimulaban sus fechorías. Era cura del lugar el vicario Bobadilla, un sacerdote muy virtuoso y algo pariente de mi mamita María de la O.