maledicencia


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maledicencia

(Del lat. maledicentia.)
s. f. Acción de difamar, murmurar o calumniar su bohemia vida le hace objeto de la maledicencia de las vecinas.

maledicencia

 
f. Acción de maldecir, hablar con mordacidad.

maledicencia

(maleði'θenθja)
sustantivo femenino
acción que consiste en calumniar a alguien En el periódico aparecían muchas maledicencias contra el gobernador.
Sinónimos

maledicencia

sustantivo femenino
murmuración, difamación.
Todos expresan comentarios negativos o difamatorios.
Traducciones

maledicencia

blasphemy, scandal, slander

maledicencia

maldicenza

maledicencia

SFslander, scandal
Ejemplos ?
Nosotros ni quitamos ni ponemos, no entramos en esas honduras y decimos caritativamente que el virrey supo, en el juicio de residencia, hacerse absolver de este cargo, como hijo de la envidia y de la maledicencia humanas.
Aunque sólo contaba treinta y cuatro años de edad y era de bello rostro, vigoroso de cuerpo, hábil músico e insinuante y simpático en la conversación, nunca había dado pábulo a la maledicencia ni escandalizado a los feligreses con un pecadillo venial de esos que un faldellín de bandera, vestido por cuerpo de buena moza, ha hecho y hace aún cometer a más de cuatro ministros del altar.
10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, No hay quien busque á Dios; 12 Todos se apartaron, á una fueron hechos inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno: 13 Sepulcro abierto es su garganta; Con sus lenguas tratan engañosamente; Veneno de áspides está debajo de sus labios; 14 Cuya boca está llena de maledicencia y de amargura; 15 Sus pies son ligeros á derramar sangre; 16 Quebrantamiento y desventura hay en sus caminos; 17 Y camino de paz no conocieron: 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
Doña Mencía, no obstante, hubo de entrever algo del caso y de sentirse lastimada y avergonzada de andar en lenguas de sus vasallos, y de ver que empezaba a perderse la inmaculada reputación que ella tan justamente había adquirido en veinte años de la vida más ejemplar y de las más severas costumbres. Fuesen como fuesen sus relaciones con el rapaz misterioso, doña Mencía comprendió que daban harto pábulo a la maledicencia.
Esta Junta creería faltar al cumplimiento de un altísimo deber si no hiciera público el dignísimo proceder de un gran pueblo, que sin presión, sin trastorno, sin insultos, sin vejaciones ni atropellos, acaba de realizar uno de eso movimientos que serán siempre su mejor escudo contra la pública maledicencia.
Esta Junta creería faltar al cumplimiento de un altísimo deber si no hiciera público el dignísimo proceder de un gran pueblo, que sin presión, sin trastorno, sin insultos, sin vejaciones ni atropellos, acaba de realizar uno de esos movimientos que serán siempre su mejor escudo contra la publica maledicencia.
Pero ya despues de muerta, j, ha podido escaparse de los tiros saivajes de los que con tanta atrocidad la ator- mentaron cuando viva f No : todavia sobre su tumba, 22 — 170 — en ese lugar donde la criatura no pertenece al inundo 8ino 4 la eternidad, la ha alcanzado la maledicencia engalanada con rudos y plebeyos versos.
Pero acabemos este artículo, demasiado largo para nuestro propósito: no vuelvan a mirar atrás porque habrían de poner un término a su maledicencia y llamar prodigiosa la casi repentina mudanza que en este país se ha verificado en tan breve espacio.
Inseguridades, desconfianzas, morbosos júbilos por inmolaciones y linchamientos, autoinmolaciones y maledicencia han facilitado, sexenio tras sexenio, la maniobra.
A continuación pinté, otro cuadro: Vida, muerte y transfiguración, en el que al giro de la espiral del tiempo y con motivos manuales describo mi vida política en la Presidencia, partiendo de la Protesta, hasta la entrega del poder, cuando mi huella en la historia se desgarra por la maledicencia y, por el linchamiento, se me da muerte política, de la que, por el libre albedrío de mi voluntad, me transfiguro al reafirmar mis intereses vitales.
i Misterio! Nosotros no hemos de repetir los decires de la maledicencia ó de la calumnia. Montalván, heredado p)or don Demetrio á la muerte de doña Rosa, progresó muchísimo y enriqueció al joven, quien se echó á viajar desplegando más boato que Montecristo.
Madero, están siendo discutidas acaloradamente en polémicas de subido tono, características de pasión y reveladoras de que el elemento revolucionario del país está siendo víctima de hábiles maniobras reaccionarias, pues el calor de sus muy especiales adhesiones a cada uno de los personajes enumerados, están faltando a sus deberes de solidaridad so pretexto de defenderlas, entregando a la maledicencia pública y a la voracidad de los enemigos, hechos pretéritos, argumentos que fueron demeritados por el tiempo e incurriendo en el error de juzgarse a sí mismos, en vez de dejar a la posteridad la tarea de emitir estos juicios.