maldiciendo

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maldiciendo


V maldecir
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
Pronto, niño, colmado de tristura el mundo y sus quimeras maldiciendo, viejo, pobre, gastado, sin ventura, exclamarás, de cólera riendo: ¡Virtud!
Asesinado el amigo Allá en la sombra moría En su sangrienta agonía Maldiciendo su amistad; Allá la lívida sombra Del desdichado Aguilera Salía rabiosa y fiera De la oscura eternidad.
El verdugo no era hombre que se asustase fácilmente; se subió a la espalda de su víctima con gran griterío de los asistentes, pero la mano mostró con su rostro la misma irreverencia que con el del magistrado Chevassut; el verdugo, maldiciendo, sacó un gran cuchillo que llevaba siempre entre sus ropas y de dos golpes cortó la mano poseída.
Pero, dejando a los abuelitos regocijarse con remembranzas del pasado, que ya vendrá para nuestra generación la época de imitarlos, maldiciendo del presente y poniendo por las nubes el ayer, sigamos nuestro relato.
La reina a Solís llevóse, y el rey abrió con presura el balcón, cual si quisiese gozar del aura nocturna; y el trono, cetro y corona maldiciendo en voces mudas, ojos de lágrimas llenos clavó en la menguante luna.
Saludaba a la reunión con tres gruñidos, despreciaba las insolencias de la hija y se hundía, por fin, en la oscuridad de su casa, maldiciendo a los avaros caseros, que, para fastidiar a los pobres, hacen siempre las puertas estrechas.
Pero el teniente Herminio Benegas, una noche, contempló la verdosa muralla, almenada y triste, las campesinas dormidas junto a sus montones de leña seca, y, naturalmente, maldiciendo su destino, enfundado en una chilaba para cubrir las apariencias fue y levantó el pesado aldabón de bronce que colgaba de la baja, sólida y claveteada puerta de la finca de Muza.
Y asi diciendo la apenada Blanca, Con iracunda mano Los bellos rizos de su frente arranca, Y ofende su semblante soberano, Maldiciendo á la faz del peregrino La injusticia fatal de su destino.
Despues de ejercitar su lápiz en el Gil Blas y otros periódicos de su ralea, Ortego marchó á París, y en aquella Babilonia de la civilizacion moderna acabó de extraviarse, halagado por el aplauso de los sectarios que veían con gusto á un español maldiciendo de las glorias de nuestros exclarecidos artistas, que en pintar la vida monacal no han tenido rival en Europa.
Finalmente, después de medio año largo, si es que puede haber un medio año más largo que otro, se restituyó mi recomendado a su patria maldiciendo de esta tierra, y dándome la razón que yo ya antes me tenía, y llevando al extranjero noticias excelentes de nuestras costumbres diciendo sobre todo que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino volver siempre mañana, y que a la vuelta de tanto mañana, eternamente futuro, lo mejor, o más bien lo único que había podido hacer bueno, había sido marcharse.
Acudieron también los mozos de los huéspedes a pedir cebada; salió el huésped de casa a dársela, maldiciendo a sus mozas, que por ellas se le había ido un mozo que la solía dar con muy buena cuenta y razón, sin que le hubiese hecho menos, a su parecer, un solo grano.
Todos los cortesanos desnudaron los puños para arremeter contra el maldiciendo, que hubo de escapar a brincos por las escaleras, salvándose por milagro de los puntapiés que le tiraban los lacayos de librea dorada y blancas medias hasta la rodilla, apostados en las galerías.