Ejemplos ?
De hecho, ir mal vestido es una señal clara de pobreza extrema: Para ilustrar el largo alcance que tiene el derecho al vestido potencialmente, el Dr.
Con los dedos trabados entre los ojales del chaleco, el director proyectaba una mirada sagaz, a través de los párpados entrecerrados, al tiempo que sin rencor examinaba el demacrado semblante de Erdosain, que permanecía impasible. –¿Por qué anda usted tan mal vestido?
Superior al resto de la humanidad por decreto de su locura; bien alimentado; no mal vestido; con un jardín para pasearse y un mundo para manejarlo a su capricho; pasó agradablemente Juan aquellos cuatro años.
Todo lo que iba cantando el Asturiano hicieron al pie de la letra ellos y ellas; mas, cuando llegó a decir que diesen principio a un contrapás, respondió Barrabás, que así le llamaban por mal nombre al bailarín mozo de mulas: -Hermano músico, mire lo que canta y no moteje a naide de mal vestido, porque aquí no hay naide con trapos, y cada uno se viste como Dios le ayuda.
Fuera de la fonda, sentado en el poyo de piedra, con la pierna rígida sobre la rodilla de espontáneo curandero, un viejo mal vestido exhalaba quejidos lastimeros: -¡La mi pierna!
Fue, en efecto, el que, desentendiéndose del orden de las cosas, dejados a un lado la escrupulosidad y decoro de las palabras, mal vestido aun de las mismas armas de que usa, y descubierto su flanco, las más veces con el deseo de herir, no pelea con regla, sino que riñe sin arte.
Mediante la transfiguración del arte, el hombre viejo y mal vestido que enfrente iba convirtiéndose en el Edgardo arrebatador que me sedujo diez años antes.
El Polido. Corto de estatura, flaco y torcido de piernas y chupado de jeta, mal vestido y peor alimentado. Su manía es hacer creer a los demás, siempre y a todas horas, que acaba de comer y que revienta de harto.
–Pues aquel sujeto, ahí donde usted le ve tan bien vestido, suele traerme los días que hay apretura para ver la ópera algunos billetes, que le vendo por una friolera: al duplo o al triplo, según es aquélla; da una gratificación por una o dos docenas a quien se las proporciona a poco más del justo precio, y viene a sacar veinte, cuarenta o sesenta reales en luneta; estoy seguro que la Semíramis le ha valido más de tres onzas; luego suena que yo soy el vendedor, porque saca con mi mano el ascua, y él gana mucho y no pierde su opinión, y yo, de quien dicen que no la tengo porque se le figura a la gente que un hombre mal vestido o que sirve a los otros por precisión está dispensado de tener honor...
Ni ¿cómo había de gustarle un hombre soez y mal vestido, con las manos llenas de callos y espinas, quemado del sol, curtido por la lluvia y oliendo a pescado a una vara de distancia, a ella, tan pulcra, tan elegante, tan presumida como una madrileña?
Luego recaía que ese cuerpo era el que envasaba sus cavilaciones, las nutría con su sangre cansada; un miserable cuerpo mal vestido que ninguna mujer se dignaba mirar y que sentía el desprecio y la carga de los días, de la que sólo eran responsables sus pensamientos que nunca habían apetecido los placeres que reclamaba en silencio, tímidamente.
Entonces aquél salió fuera de casa y tardó un poco, el cual trajo consigo un mancebo grande y esforzado, como había prometido, que no sé si se podría comparar a ninguno de los que estaban presentes, porque, además de la grandeza de su cuerpo, sobrepujaba en altura a los otros toda la cabeza, y, si os place, entonces le apuntaban los pelos de las barbas; como quiera que venía muy mal vestido y mal ataviado...