mal talante

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mal talante

maltalento
Ejemplos ?
El viejo marido, observando la perpetua melancolía de su esposa, a su vez se mostraba hosco y gruñón; los criados desempeñaban sus quehaceres de mal talante, recelosos; nunca llamaba a la puerta una visita; nunca se le ofrecía a Romana ningún honesto esparcimiento: a misa los domingos y fiestas de guardar; a «dar una vuelta» por Recoletos cuando hacía bueno, y el resto del tiempo sepultada en su butaca, peleándose con una eterna labor de gancho, una colcha, que no se acababa porque a la labrandera no le interesaba que se acabase, y en lugar de mover los dedos, dejaba el hilo y las tiras sobre el regazo y se entregaba a una de esas meditaciones sin objeto, fatigosas como caminar sobre guijarros, entre polvo.
Con esta respuesta salió el oficial de mal talante a reconocer al burlón, prometiéndose hacerlo dormir sobre una tarima, del cuerpo de guardia.
En fin, que el día de la cosa..., de la desgracia..., porque en medio de todo, desgracia fue..., pues el Negruzo entró en su casa de mal talante, y sin reparar que estaba yo allí, y también el mayor de los niños, una criatura de ocho años, la tomó con la Remigia, y por primera providencia le pegó dos puñetazos en el pecho.
En el grado comenzaba nuevamente el vía crucis. El maestro, examinándome, de mal talante, al llegar en la lista a mi nombre, decía: -Oiga usted, ¿cómo se pronuncia "eso"?
Y luego la sombra, el vigilante Ve se pasea abajo, los hombres que pasan de mal talante pensando en los líos que tendrán que solventar con sus respetables esposas, mientras que la ventana iluminada, falsa como mula bichoca, ofrece un refugio temporal, insinúa un escondite contra el aguacero de estupidez que se descarga sobre la ciudad en los tranvías retardados y crujientes.
Después el viejo recogíalos lentamente y comenzaba a barajar de nuevo. El mozo, siempre de mal talante, sacaba de la cintura su bolsa de cuero recamada de oro, y la volcaba sobre el zarape.
Se acercaba el día de las grandes propinas, y esto contribuía al mal talante de los bañistas, a darles audacia y tono de déspotas, y también a la paciencia de los criados.
Al acercarnos nos gritó -¡Ténganse allá! Yo respondí de mal talante enderezándome en la silla -Soy el Marqués de Bradomín. El viejo partió al galope y reunióse con los que apuraban las calabazas de café ante la puerta.
Yo ceñudo y de mal talante, me arrojé sobre la hamaca, y con grandes voces mandé a los caballerangos que ensillasen para partir inmediatamente.
Conocedor Bermúdez de la fuerza de Boves, ahora aumentada por la de Morales, se opuso con toda la energía de su carácter a la acción propuesta por Ribas, o sea a la marcha sobre Boves, para combatirlo donde éste precisamente quería. Quizás de mal talante, sedimento de otros males, la mayor graduación de Ribas lo obliga a obedecer.
¡Hoy se conquistan así los tres entorchados! Calló de mal talante, luchando por ajustarse la venda: Las manos y la cabeza temblábanle por igual.