Ejemplos ?
Todos los demás tienen la maldita costumbre de procurar entristecerme, de llorar, de quejarse y de hacer otras tonterías que me ponen de mal humor.
Míster Jones, sin replicar, descolgó su casco y salió él mismo en busca del utensilio. Resistía el sol como un peón, y el paseo era maravilloso contra su mal humor.
(¡Condenado!) va completamente lleno, (¡Me lleva...!) se hace tarde (¡Maldición!) y ante el amenazante retardo, la angustia voraz que nos carcome al ánimo y nos hunde en el mal humor.
Fue en el momento en que evocamos al Orinoco de las Fuentes, al Orinoco de las Selvas, al Orinoco de los saltos, al de la erizada cabellera que en la Fuente se alisa sus cabellos y en Maipures se despeina; y luego hablamos del Orinoco ancho, el de Caicara que abanica la tierra, y el del Torno y el Infierno que al agua dulce junta un mal humor de piedras, y ella quedó colgada de mis labios, como Palabra de carne que hiciera vivo el Poema, porque le dije, amigos, mi Parábola, la Parábola del Orinoco, la Parábola del Volcán y las Siete Estrellas.
Y el buen Carlos acogía estas noticias con mal humor, porque perturbaban la calma de su existencia acabando por confiarlo todo a Manuel para no sufrir nuevas inquietudes.
Es preciso decirlo de una vez: el Duende está conjurado y no volverá a sacar la cabeza. DON RAMÓN.- ¿Es posible que se deje dominar de un rato de mal humor?...
Vestía ya de negro, como los cómicos que cuando tiene que pasar algo triste en el tercer acto se ponen antes de luto. Mi mujer traía el rostro pálido, compungido, pero la expresión del dolor parecía en él gesto de mal humor más que otra cosa.
Un lente para observar a los hombres, recado de escribir para bosquejarlos, y mi buen o mal humor para reírme de los más de ellos.
Eso, multitud de monigotes que se agitan y manotean acá y allá figura el pueblo y los contribuyentes, que matan el hambre y el mal humor según el carácter de cada grupo, por lo cual más de dos de ellos se apalean.
¡Claro, no en balde me ha estado oyendo disertar un día y otro sobre la sociedad futura y la mujer del porvenir; no en balde le he inculcado las emancipadoras doctrinas del anarquismo... sin bombas! –¡Pues yo creo –dijo de mal humor la tía– que esta chicuela es capaz hasta de tirar bombas! –Y aunque así fuera...
-Nada, siempre igual -contestó Serrano de mal humor-; no sé dónde se mete ese hombre y tengo decidido empeño en hallarle; preciso es que le oculte alguno en la aldea para que no pueda dársele alcance, pero ¡ay!
El militar se arroja de mal humor en el cabriolé, entre un francés que le pregunta: «¿Tendremos ladrones?» y un fraile corpulento, que con arreglo a su voto de humildad y de penitencia, va a viajar en estos carruajes tan incómodos.