Ejemplos ?
que " apotropaico " es aquel que aleja el mal de ojo, los espíritus y el infortunio; del griego "atropetein", que quiere decir "alejar".
Popularmente se han buscado diferentes remedios, ya sea para la prevención, como por ejemplo pisar los zapatos nuevos de familiares y amigos (como mecanismo para evitar la envidia), escupir a los bebés o embarazadas (en las culturas populares se considera la saliva como protectora), la interposición de objetos considerados como mágicos o protectores mágico-religiosos, como estampillas de santos, oraciones, etc. La cura del mal de ojo, la cultura popular suele dejarla en manos de curanderos, que realizan diferentes rituales.
En uno de ellos, bastante extendido, en primer lugar se diagnostica que efectivamente la persona padece de mal de ojo vertiendo aceite sobre un mechón de pelo de la misma, que se sujeta sobre un vaso de agua: si la persona está aojada el aceite se mezcla con el agua, esto es que se observan varias gotas que no se funden en una y quedan transparentes.
El arquero de la Cueva de los Letreros fue descubierto a mediados del XIX y, un siglo después, asociado al tótem protector contra el mal de ojo y las tormentas que pintaban con almagre los vecinos de Mojácar en la fachada de sus casas.
De esta persona afectada se dice que "está ojeada, o que le echaron mal de ojo, o el ojo encima". La creencia está extendida universalmente a través de muchos pueblos.
Además, el propio cono podía tener un símbolo pintado sobre él. Tales símbolos pueden ser planetarios, el malochio (mal de ojo), la cruz, un corazón, una creciente y estrella, o algunos otros.
Contaba Lence la conversación que mantuvo (era el 27 de abril de un año que no precisa, pero que supongo inmediatamente posterior a la Guerra Civil), camino del convento de los Picos, con un “socarrón y enxebre labriego”, que hablaba al erudito de una “santa” que había vivido cerca de la villa asturiana de Figueras: “Santa coma a das Figueiras –dice Farruco a todos– non-a houbo n-o mundo, ¡agal-a Virxen!” La “santa” de Farruquiño levantaba la “espiñela”, “cortaba” las lombrices, curaba el mal de ojo y mataba la “avelaiña” y el “ronco” de las patatas, de palabra.
Era indestructible. Entre las gentes del lugar se pensaba que quien poseía este libro podía causar mal de ojo a otras personas. Cualquier problema que pasaba en el pueblo se achacaba al mal de ojo.
Enrique de Villena escribió en el 1425 un tratado sobre el "mal de ojo" o "aojamiento", diciendo que los facultativos lo llamaban "fascinación", del nombre tradicional en latín "fascinare".
Joaquín Bastús escribió en 1862 que la palabra griega "envidia" venía de la expresión "aquella que nos mira con mal ojo" y de ahí el mal de ojo, y que los griegos protegían a los jóvenes marcando sus frentes con barro o cieno.
El libro del Corán alude al mal de ojo: "Los infieles casi os hacen dormir con sus miradas" (68, 51), y entre los males de los que hay que protegerse se alude a "el mal de un envidioso cuando envidia" (113, 5).
En teoría estas personas son mucho más envidiosas que otras y acumulan tanta maldad dentro de si misma que con tan solo fijar su mirada en la persona elegida, puede hechizarla con el mal de ojo, trayendo todo tipo de infortunios encadenados, y provocándole continuos episodios de mala suerte y desgracias.