maléfico

(redireccionado de maléfica)

maléfico, a

(Del lat. maleficus.)
1. adj./ s. Que perjudica a otro con maleficios la bruja lanzó un conjuro maléfico.
2. Que influye de manera perjudicial sobre una persona o una cosa su compañera ejerce una influencia maléfica sobre él. dañino benéfico
3. s. OCULTISMO Persona que practica la hechicería o ejerce maleficios contrató los servicios de un maléfico para conseguir un filtro de amor. hechicero

maléfico, -ca

 
adj. Que hace daño con maleficios.
Que ocasiona o puede ocasionar daños.
m. Hechicero.

maléfico, -ca

(ma'lefiko, -ka)
abreviación
1. que produce o puede producir daño sentir influjos maléficos
2. que produce daño con hechizos una mujer maléfica
Traducciones

maléfico

evil, harmful

maléfico

malefico

maléfico

ADJevil
Ejemplos ?
Una criada toda azorada retira el capón en el plato de su salsa; al pasar sobre mí hace una pequeña inclinación, y una lluvia maléfica de grasa desciende, como el rocío sobre los prados, a dejar eternas huellas en mi pantalón color de perla; la angustia y el aturdimiento de la criada no conocen término; retírase atolondrada sin acertar con las excusas; al volverse tropieza con el criado que traía una docena de platos limpios y una salvilla con las copas para los vinos generosos, y toda aquella máquina viene al suelo con el más horroroso estruendo y confusión.
Los exelentisimos gobiernos de las Provincias de Entre Rios y Corrientes deseando establecer los lazos de fraternidad y armonia que han ligado á ambos, desgraciadamente interrumpidos por la maléfica influencia de los salvages unitarios: siendo ademas menester arreglar asuntos que se hallan pendientes y de absoluta necesidad para afianzar los derechos y garantias, y propender á la felicidad de los respectivos ciudadanos; han venido en nombrar comisionados al efecto, siéndolo por parte del Exmo.
El padre de los hombres y de los dioses, compadeciéndose de él miró con torva y terrible faz a Hera, y así le dijo: —Tu engaño, Hera maléfica e incorregible, ha hecho que Héctor dejara de combatir y que sus tropas se dieran a la fuga.
Surcaban por su mente escenas del cinematógrafo cotidiano en sucesión inacabable y aunque no lo percibía, el Universo recobraba su maléfica silueta.
Héctor, de tremolante casco, nada contestó. Y Helena hablóle con dulces palabras: —¡Cuñado mío, de esta perra maléfica y abominable!
La mujer a quien la compasión por uno de estos desafortunados llevaría a desafiar la opinión de su generación--porque por otra parte ella es libre--hasta el punto de aceptarlo como marido, debe de ser valiente, con una maléfica clase de valor, también.
Usted sabe que, cuando se condena a una raza o a un ser a la ignominia, involuntariamente se teme que esa raza o ese ser desarrollen una especie de fuerza maléfica, dañando en la sombra por ocultas artes.
Nunca mi labio las debidas preces ni las ofrendas olvidó mi mano que a tus aras consagra sacro rito... Mas, ya que mis plegarias escarneces, y el castigo me das sin el delito, y en mi mal te recreas, ¡maléfica deidad, maldita seas!
Le aseguró que apaciguaría a su marido y les reconciliaría, y que, si esto no era posible, se valdría de un espectro o de una maléfica deidad para torturarle hasta causarle la muerte.
Aquella actitud suya había sido una nueva torpeza, pues tenía la convicción íntima de que Magdalena lo amaba, siendo la maléfica influencia de su madre la que la apartaba de sus brazos.
¡Quiera el Legislador Soberano del universo arraigar cada vez más en vuestros corazones el respeto a la religión, a las leyes, a la fe pública empeñada en los contratos nacionales; iluminar los consejos de vuestro gobierno y de vuestros representantes para que se completen y perfeccionen las instituciones que os rigen; alejar de vosotros la guerra; alejar de la silla de que desciendo las inspiraciones de esa ambición maléfica que turba el reposo de-los pueblos, y no permitir que la discordia civil sacuda jamás su tea funesta sobre vuestros hogares!
A impulsos de tanta beneficencia se ensancharon milagrosamente los oprimidos resortes de su prosperidad y se empezaron a coger los frutos del árbol que sembró, a la verdad, la Compañía, pero que empezaba a marchitarse con su maléfica sombra.