macero

(redireccionado de maceros)

macero

s. m. El que, en ciertas corporaciones, asiste a actos solemnes o precede a algún personaje llevando la maza o bastón.

macero

 
m. El que lleva la maza delante de los cuerpos o personas que usan esta señal de dignidad.
Traducciones

macero

mazziere

macero

SMmacebearer
Ejemplos ?
A continuación, se procede a la jura o promesa del Diputado General electo, que hace su entrada en el salón de plenos flanqueado por dos miembros del cuerpo de miñones, la policía alavesa, y dos maceros a su espalda.
Destacan el balcón corrido de 18 m, que enlaza con el de la Parroquia de la Asunción, los escudos de piedra de la fachada (el central de España y los laterales de la Ciudad), el callejón abovedado (el Arco) que se abre en un extremo y que da acceso a la calle del Pósito municipal y varios de los objetos que decoran su interior: unas Mazas de Plata del s.XVII que portan los maceros de la ciudad en los actos oficiales, así como obras realizadas por el pintor Francisco Benítez Mellado.
Predomina el color negro y el blanco, también hay rojos en las togas y los birretes de los maceros, en los que se ve la influencia de Velázquez y Zurbarán.
Apenas puso el maestre, de dos solos escuderos seguido, el pie confiado en el vestíbulo regio, donde varios hombres de armas, vestidos de doble hierro, paseándose guardaban de la escalera el ingreso, cuando a uno de los balcones, como aparición de infierno, el rey se asoma, gritando: «Matad al Maestre, maceros.» Siguió, como en la tormenta, el súbito rayo al trueno, y seis refornidas mazas sobre Fadrique cayeron.
Luego desfilaba la comitiva en el orden siguiente: Los clarines y los timbales de la ciudad. Los maceros, llevando las grandes mazas de plata con las armas de Lima.
¡Y era hasta de admirar aquella procesión de blancas enaguas, iluminadas apenas por la mortecina luz de los veinticuatro faroles que enarbolaban los más obsequiosos acompañantes, a guisa de maceros o reyes de armas, en sus diestras!
Despues de recorrer todo el cuadro de la plaza, entre los vitores de la multitud, se detuvo frente a Cabildo, apeose y subio al tablado junto con la real Audiencia, alferez real con el estandarte, alcal- des ordinaries y alguacil mayor de la ciudad, escribano mayor del ayuntamiento, titulos de Castilla y caballeros de habito, y los cuatro heraldos 6 reyes de armas que ocupa- ron el sur, norte, este y oeste. Los maceros de la ciudad, los alabarderos y gentiles-hombres lanzas rodearon el ta- blado.
El virrey tomaba la campanilla para pasar a secreto acuerdo, cuando el abogado del marqués, a quien un caballero acababa de entregar una carta, se levantó de su sitial, y avanzando hacia el estrado, la puso en manos del virrey. Su excelencia leyó para sí, y dirigiéndose luego a los maceros: -Que se retire el auditorio -dijo- y que se cierre la puerta.
Después les tocó a los demás dignatarios. ¡Fuera los bedeles! ¡Fuera los maceros! Eh, oye, Robin Poussepain, ¿quién es ese tipo? ¡Pero si es Gilbert de Sully, Gilbertus Soliaco, el canciller del colegio de Autun.
Don Diego velaba (los demás dormían) el sueño de la Soberanía nacional; y era hombre que a las dos de la madrugada (en las sesiones permanentes, que eran su encanto), desatado el nudo de la corbata, sueltos algunos botones del chaleco, y a veces enseñando un poco de la faja de seda encarnada, estaba dándole vueltas la elocuencia de los números y llenándose la boca con toneladas y caballos de vapor, y apastando al preopinante (que estaría en la cama) bajo el peso de millones de kilos de corned beef, alias tasajo, que venían de los Estados Unidos cargados de amenazas, como nuevas hordas de Hunnos en forma de carne salada. En vano se le dormían los de la comisión, y los ministros de guardia, y los maceros...
Abrirá la marcha una sección de batidores del Ejército y de la Milicia Nacional. Seguiran los maceros y dependientes de la Municipalidad, y despues de los coches.
¡Cuántas citas amorosas camino a escondidas se abren entre aquel rumor confuso que un millón de bocas hace! Calmando al fin del gentío la voz sorda y susurrante, diez maceros a caballo la gente por medio parten.