Ejemplos ?
Además, tenemos aquí no sé cuántas bienaventuradas que aún están de buen ver, y ¡valiente ocupación me caería a mi edad: ir siempre detrás de ti, sin quitarte ojo! ... Márchate al infierno o acuéstate al fresco en cualquier nube...
Unos que estaban entre los últimos son ahora primeros, mientras que los primeros han pasado a ser últimos." 31. En ese momento unos fariseos llegaron para avisarle: "Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte." 32.
Que no te suceda esto, ven aquí que corone tu cabeza con yedra: rinde conmigo honores al dios. PENTEO ¡No me des tu mano, márchate danzando, no limpiarás tu locura en mí!
Y una de aquellas pequeñas ánimas, mientras tocaba la mano de Isabeau, le dijo: - ¡Márchate, hija de los hombres, que alguna de tus lágrimas se va a convertir hoy en una perla o en un diamante de incalculable valor!
-Así lo haré, padrecito TLALOCTLI.- dijo como para abreviar y recibir más rápido la donación. -Pues ahora márchate a cumplir tu promesa, pero recuerda que no debes faltar a ella.- Terminó TLALOCTLI su perorata.
Por tal motivo, márchate como te he indicado muchas veces, y, si lo que quieres es avivar la ira contra mí, que según tú soy tu adversario, parte de una vez al destierro.
Os juro, padres conscriptos, que tanta diligencia habrá en los cónsules, tanta autoridad en vosotros, tanta virtud en los caballeros romanos, tanta unanimidad en los hombres de bien, que veréis cómo al partir Catilina toda contrariedad será descubierta, clarificada, dominada y ajusticiada. Márchate con tales augurios, Catilina, para bien de la República, para ruina y perdición tuya y de cuantos contigo vayan unidos a tu crimen y tu parricidio; márchate a tu guerra impía y deleznable.
¡Estará escrito que no se haga más que lo que usted quiera! ¡Pero tú, Rosita, márchate con cinco mil demonios que ninguna falta nos haces aquí!
Pero ¿á qué refutar tus palabras, cuando aquí está este cadáver, que es el más abrumador de los testigos? Márchate, pues, desterrado de esta tierra en seguida, y no vuelvas á Atenas la divinamente fundada, y no te quedes en los confines de la tierra que manda mi lanza.
Quizá venga tiempo en que pueda recompensarte. -Márchate, respondió el sastre; así como así, veo que no sirves más que para saltar.
Y añadió: «Márchate ahora y di a los querubines y a las potestades, que están blandiendo la espada de fuego y guardan el paraíso del que Adán, el primero de los creados, fue arrojado, después de haber vivido allí, por haber prevaricado y no haber guardado mis mandamientos: Ninguno de los primeros verá el paraíso hasta que venga de nuevo a juzgar a vivos y muertos.
Yo araré tan bien y mejor que vos. -No, no, tú no eres mi hijo, y tú no sabes arar; márchate. Pero, como tenía miedo al coloso, dejó el arado y se puso a alguna distancia.