luz del día

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luz del día

Diana
Ejemplos ?
Tres de los hombres que habían estado con Ammi volvieron al día siguiente para ver las ruinas a la luz del día, pero en realidad no había ruinas.
Trabaja a la luz del día y mantendrá, contra toda amenaza, la confianza de los ciudadanos y la claridad de sus procedimientos democráticos.
¡ciego por completo! STAFFACHER.––Lo he dicho ya; la luz de sus ojos se ha extinguido para siempre; no verá jamás la luz del día.
Tres de los hombres que habían estado con Ammi volvieron al día siguiente para ver las ruinas a la luz del día, pero en realidad no habla ruinas.
Se pusieron un día a pensar en la tierra que el sol alumbraba, y uno de ellos exclamó: ─ Si volviera a ver la luz del día, podría morir contento.
La luz del día, penetrando por la entreabierta ventana, iluminaba la habitación, en la cual, además del humilde mobiliario, consistente en una mesa de pino, varias sillas y un viejo aparador con cortinas azules, veíanse algunos enseres de pesca, varios remos apoyados contra uno de los ángulos, y dando una nota risueña al conjunto, un pájaro, que cantaba en una jaula de alambre, y dos macetas de geranios en flor, que decoraban el alféizar de la ventana, junto a la que cosía la unigénita del Levantino, la cual contestó al poco expresivo saludo del recién llegado con una apenas perceptible inclinación de cabeza.
Mas, a pesar de la lívida luz del día que reflejaba la pared, las tinieblas recomenzaban a absorberlo otra vez con sus vertiginosos puntos blancos, que retrocedían y volvían a latir en sus mismos ojos...
«Habrá que pasarlo a oscuras», dijo el hombre que me había encontrado; y me pasaron en la oscuridad, y a la luz del día volví a oír pestes: «¡Falso, no vale!
Pero he aquí que lo sacaron de la habitación y, arrastrándolo escaleras arriba, lo dejaron en un rincón oscuro, al que no llegaba la luz del día.
Jesús, que limpio del borrón infausto de la culpa mortal del primer hombre, al viejo mundo de esperanza exhausto, te viniste a ofrecer en holocausto de su maldita descendencia en nombre; Jesús, Hijo de Dios y de María, lluvia del campo, aroma de las flores, vida del universo y luz del día, oye las preces que mi fe te envía desde la tierra, lecho de dolores.
El uno lucha tendido en la alcoba con la fiebre y las angustias de una enfermedad penosa; el otro, mientras le vela, aprovechando las horas y la última luz del día, sentado a una mesa coja, delante de la ventana, las emborronadas hojas de un manuscrito embrollado en limpias páginas copia.
Ella, eso sí, se había ofrecido de buena fe; y aun despierta, a la luz del día, ratificaba su intención; hubiera consagrado el resto, miserable resto de su vida, a cuidar aquella tos de hombre...