lustroso

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También se encuentra en: Sinónimos.

lustroso, a

1. adj. Que tiene lustre ha dejado las baldosas de la cocina lustrosas. brillante mate
2. Que tiene un aspecto sano por el buen color y tersura de la piel se nota que está recuperado porque está lustroso. saludable enfermizo
3. Se aplica al animal que tiene un aspecto sano por su gordura y el brillo del pelo.

lustroso, -sa

 
adj. Que tiene lustre.

lustroso, -sa

(lus'tɾoso, -sa)
abreviación
1. apagado que tiene brillo unos cabellos lustrosos
2. que tiene aspecto saludable un rostro lustroso
Traducciones

lustroso

brillant

lustroso

glanzend

lustroso

brilhante

lustroso

المصقول

lustroso

błyszczący

lustroso

光泽

lustroso

光澤

lustroso

Lesklý

lustroso

מבריק

lustroso

광택

lustroso

ADJ
1. (= brillante) [zapatos] → shiny; [pelo] → glossy, shiny
2. (= saludable) → healthy-looking
Ejemplos ?
Verás mil retorcidas caracoles, mil bucios istrïados, con señales y pintas de lustrosos arreboles: los unos del color de los corales, los otros de la luz que el sol represa en los pintados arcos celestiales, de varia operación, de varia empresa, despidiendo de sí como centellas, en rica mezcla de oro y de turquesa.
Tenía gran escudo, rejas mohosas y claveada puerta que, por estar entornada, descubría en una media luz el zaguán con escaños lustrosos y gran farol de hierro.
Ungido el hermoso cutis, se compuso el cabello, y con sus propias manos formó los rizos lustrosos, bellos, divinales, que colgaban de la cabeza inmortal.
No era la bien trazada pierna el único atractivo que realzaba al profesor de esgrima; podía envanecerse y alabarse de unos bigotes castaños, lustrosos de cosmético, un cuerpo ágil y estatuario, que el diario ejercicio del florete volvía más airoso, y, en el ramo de indumentaria, preciarse de una colección de látigos con puño de plata, calzones de punto, corbatas flotantes y dijes de reloj en extremo caprichosos, todo lo cual hacia a Armando Deslauriers muy peligroso para el mujerío marinedino de cualquier estado y condición: señoras y artesanas, dueñas, casadas y doncellas.
Y dos candiles de hierro, colgados de sendas tomizas, iluminaban el resto de la estancia, cuyas paredes tenían por adorno cabezas disecadas de ciervos y de lobos, algunas escopetas de caza, dos jaulas de perdices, una tablita con palillo y cimbel, y varios peroles y cacerolas de azófar y cobre, colgados de alcayatas, y tan fregados y lustrosos que relucían más que venecianos espejos.
Tenía los ojos azules y el rostro pálido. Sus cabellos negros, crespos y lustrosos flotaban sobre sus sienes y su cuello en hermosos rizos.
Del taller, donde, mezclados los alientos, juntas las rodillas y los hombros, trabajaban sobre sesenta obreras más, casi todas mozas o chicuelas de catorce a veinte, salían naipes y naipes, lindos, lustrosos, satinados, franceses y españoles, de vivos colorines, de claros tonos.
6 Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, Que fué trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías. 7 Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más lustrosos que la leche.
Era alto y enjuto. Sobre la abombada frente, manchada de pecas, los lustrosos cabellos negros se ondulaban señorilmente. Tenía los ojos color de tabaco, ligeramente oblicuos, y vestía traje marrón adaptado a su figura por manos pocos hábiles en labores sastreriles.
La agitación al aire libre y la satisfacción interior daban realce a su hermosura, y ella lo conocía. La luz del campo comunicaba reflejos de ópalo al azul de sus ojos y tornasoles de oro a sus cabellos lustrosos.
La muchedumbre contemplaba ansiosa desde las murallas la marcha lenta de la procesión, el resplandor de las bizantinas casullas con sus fajas blancas orladas de negras cruces, el centellear de la mitra de terciopelo rojo con piedras preciosas y el brillo de los lustrosos cráneos de los sacerdotes.
El joven Blake volvió a Providence en el invierno de 1934-35, y alquiló el piso superior de una venerable residencia situada frente a una plaza cubierta de césped, cerca de College Street, en lo alto de la gran colina -College Hill- inmediata al campus de la Brown University, a espaldas de la Biblioteca John Hay. Era un sitio cómodo y fascinante, con un jardín remansado, lleno de gatos lustrosos que tomaban el sol pacíficamente.