Ejemplos ?
Primera Edición 2006 Aquel día la ilustre y elegante madame Monalisa me recibió en la lujosa prisión de sus encantos. Yo había viajado hasta Francia patrocinada por el recién fundado Instituto Franco-Mexicano de la Feminidad Icónica Liberada, A.C.
Sangre manaba de mi herida, es verdad; pero agolpados al rededor de mi lujosa cama, la tierna historia de mi amor oían los guerreros, el pueblo y el Monarca, y entre piadoso llanto y bendiciones «tuya será Isabel» juntos clamaban súbditos y señor.
quella cuitada de Romana Meléndez, tan mona, en lo mejor de la edad, los veinticinco; unida por su familia, sin previa consulta del gusto, al vejete socio de su padre, a don Laureano Calleja, pasó dos años medio secuestrada, recluida en su casa de Madrid, grande, cómoda, hasta lujosa, pero que trasudaba por las paredes murria y aburrimiento.
Si Martirio me permitiese apartar con los dedos las ligeras ondulaciones de una cabellera negra y lujosa, sobrado pesada para lo frágil del cuello que sostenía la cabeza, de seguro vería yo continuarse el círculo todo alrededor.
Esperando para el viaje la tarde tiene desmayos Y de sus últimos rayos La luz mortecina ondea En la lujosa librea De los corteses lacayos.
La pobre mujer, menos cohibida, mandaba entrar a los curiosos para que viesen todo aquello. Hasta una señora muy lujosa entró un día.
Acaso en el bosque evocaba las épocas del roto poderío egipciaco, un gitano viejo que, recostado contra un naranjo y poniendo sus ojos en el cielo, libre de nubes, repetía el cantar siguiente: ::No hables mal de los gitanos, ::que llevan sangre de reyes ::en las palmas de las manos. El resto de la tribu había registrado el fondo de sus albardones para sacar la trapería lujosa a relucir.
Desgraciadamente, en esta polémica, tus sentimientos de fa- milia y tu clara inteligencia se estrellan ante la lógica inflexible de los hechos. Tu hábil y lujosa pluma hace lo que llamamos un tour de forcé para refutar documento de suyo irrefutable.
Después, en una confitería lujosa, tomábamos chocolate con vainilla, y saciados regresábamos en el tren de la tarde, duplicadas las energías por la satisfacción del goce proporcionado al cuerpo voluptuoso, por el dinamismo de todo lo circundante que con sus rumores de hierro gritaba en nuestras orejas: "¡Adelante, adelante!" Decía yo a Enrique cierto día: —Tenemos que formar una verdadera sociedad de muchachos inteligentes.
Mas ya murieron los argivos mitos, y sus bellos errores, de genios infinitos en mar, tierra, aire y cielo creadores: ya la esposa de Júpiter no manda a la hija de Taumante, ni ya eres, Iris, la lujosa banda que señala su vuelo rutilante.
Al regreso sacaría el cuerpo de su escondite y lo trasladaría al campo santo, donde le aguardaba para rematar la fúnebre tarea su amigo el sepulturero. A El Chispa le devolvería su lujosa mortaja y el dinero que de sus manos había recibido.
Carlos, que esperaba a la puerta del lujoso Meliá, se sorprendió al verla bajar de su lujoso Roll-Royce y dirigirse a él, con toda su elegante y lujosa presencia, sonriente; saludando gentil a quienes la reconocían por su fama, para decirle en el peor tono burlesco: -¿Quieres más, chiquito?