luengo

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luengo, a

(Del lat. longus.)
adj. Que es largo o prolongado llevaba un vestido de novia de luenga cola .

luengo, -ga

 
adj. Largo.
Sinónimos
Traducciones

luengo

luengo

luengo

Luengo

luengo

Luengo

luengo

Luengo

luengo

(arcaico) ADJlong
Ejemplos ?
¡Oh, luengas y repulgadas tocas, escogidas para autorizar las salas y los estrados de señoras principales, y cuán al revés de lo que debíades usáis de vuestro casi ya forzoso oficio!
Entonces Zeus llamó a las deidades al estrellado cielo y, mostrándoles toda la batalla y los fuertes combatientes, que eran muchos y grandes y manejaban luengas picas —como si se pusiera en marcha un ejército de centauros o de gigantes— preguntó sonriente "¿Cuáles dioses auxiliarán a las ranas y cuáles a los ratones?" Y dijo a Atenea: —¡Hija!
Partido así el espíritu en amores contradictorios e intranquilos; alarmado a cada instante el concepto literario por un evangelio nuevo; desprestigiadas y desnudas todas las imágenes que antes se reverenciaban; desconocidas aún las imágenes futuras, no parece posible, en este desconcierto de la mente, en esta revuelta vida sin vía fija, carácter definido, ni término seguro, en este miedo acerbo de las pobrezas de la casa, y en la labor varia y medrosa que ponemos en evitarlas, producir aquellas luengas y pacientes obras...
Jacinta, encanto y adorno de toda la Andalucía; y por sus luengas pestañas, por su apacible sonrisa, por los graciosos hoyuelos que avaloran sus mejillas, por su cuerpo primoroso y por sus formas divinas, por su gracia y su talento y su modestia expresiva, el hechizo de los hombres, de las mujeres la envidia.
Yo, que me vi en peligro de perder la vida entre las uñas de aquella fiera arpía, sacudíme, y, asiéndole de las luengas faldas de su vientre, la zamarreé y arrastré por todo el patio; ella daba voces que la librasen de los dientes de aquel maligno espíritu.
Lo primero que admiré fue su barba y su cabellera. Luengas, negrísimas, con algunos hilos canosos, brillantes y finos, caían sobre el pecho desnudo y las espaldas tostadas, enjutas, envolviendo casi el torso.
Las negras y luengas trenzas con negligente prendido dan más blancura a su frente, dan a sus ojos más brillo, dan más carmín a sus labios de amor poderoso hechizo, dibujando un albo cuello y un seno de ángeles nido; pues viendo en él agrupados a los dos infantes lindos, el llamarle de esta suerte no es exagerado estilo.
Este tal, galán y apuesto, de cara muy expresiva, de talle en extremo airoso, de aguda fisonomía, con aire matón y jaque, calzas de majo y ropilla, con un inmenso chapeo de alas luengas y tendidas, con su cuera y sus mangotes, y sus frascos en la cinta, de recamos adornada y de escarcela provista, se acerca al rey, y apoyado del arcabuz en la horquilla, y zarandeando el cuerpo, cual hombre que nada admira: «Señor -con ceceo dice, y lengua, aunque gorda, viva-: Cuando mi sargento anoche me dijo que combatía »vuestra alteza en este empeño, preparé varias cosillas; los trastos que en tales lances cualquier hombre necesita.
Los que antes, ávidos del funesto combate, llevaban por la llanura al luctuoso Ares unos contra otros, se sentaron —pues la batalla se ha suspendido— y permanecen silenciosos, reclinados en los escudos, con las luengas picas clavadas en el suelo.
Los próceres de los troyanos domadores de caballos, y de los aqueos, de broncíneas corazas, te piden que bajes a la llanura y sanciones los fieles juramentos; pues Alejandro y Menelao, caro a Ares, combatirán con luengas lanzas por la esposa: mujer y riquezas serán del que venza, y después de pactar amistad con fieles juramentos, nosotros seguiremos habitando la fértil Troya, y aquellos volverán a Argos criador de caballos, y a la Acaya de lindas mujeres.
Ría al oír esta frase el Mefistófeles que todos llevamos dentro del alma, agite las luengas plumas del rojo birrete, crispe diabólica mueca su irónica fisonomía, iluminada por un reflejo de infierno y lance al aire su carcajada de burla; sin tocar la alfombra porque al pensar en ella la veo, incontaminada por la atmósfera de la tierra, insexual y radiosa como los querubines de Milton.
Fabio, si tú no lloras, pon atenta la vista en luengas calles destruidas; mira mármoles y arcos destrozados, mira estatuas soberbias que violenta Némesis derribó, yacer tendidas, y ya en alto silencio sepultados sus dueños celebrados.