lucero

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lucero

1. s. m. Denominación que se da al planeta Venus.
2. literario Astro que parece grande y brillante esperó a ver el primer lucero que moteara el cielo.
3. Cuarterón de las ventanas o puertas por donde entra la luz. postigo
4. Lunar blanco y grande que tienen en la frente algunos cuadrúpedos.
5. Circunstancia de ser noble o distinguida una persona, una generación o una época. esplendor, lustre
6. s. m. pl. literario Los ojos dos luceros brillan en la hermosa cara de mi amada .
7. al lucero del alba loc. Locución que se refiere a una persona indeterminada a la que se le atribuye una cierta importancia.
8. lucero de la mañana, del alba o matutino El planeta Venus cuando brilla por la mañana.
9. lucero de la tarde o vespertino El planeta Venus cuando brilla por la tarde, después de la puesta del Sol.

lucero

 
m. El planeta Venus.
Astro grande y brillante.
fig. y poét.Ojo.
fig.Lustre, esplendor.
Postigo de las ventanas por donde entra la luz.

lucero

(lu'θeɾo)
sustantivo masculino
astro que brilla de forma muy intensa el lucero de la tarde
Sinónimos
Traducciones

lucero

لوسيرو

lucero

卢塞罗

lucero

盧塞羅

lucero

Lucero

lucero

Lucero

lucero

Lucero

lucero

SM
1. (Astron) → bright star; (= Venus) → Venus
lucero del alba, lucero de la mañanamorning star
lucero de la tarde, lucero vespertinoevening star
2. (frm) (= brillo, esplendor) → brilliance, radiance
Ejemplos ?
Y Antoñuelo el Matraca, haciendo un esfuerzo y casi como el que se decide a tirarse por un despeñadero, avanzó decidido hacia el grupo donde lucía el de los Bigotes su imponente actitud de hombre aguerrido y capaz de quitarle el resplandor de un metío a cualquiera de los luceros, y díjole llegando a él y mirándolo con heroica indiferencia: -¿Usté quisiera premitirme, señor Curro, que platiquemos dos minutos?
"Sé ruiseñor!", dice una voz perdida en la muerta distancia. Y un torrente de cálidos luceros brotó del seno que la noche guarda.
Los tonos del crepúsculo pintaban los celajes de incopiables irisaciones, de opalinas transparencias; tras las enhiestas cumbres habíase hundido el sol dejando a su paso los últimos vaporosos pliegues de oro de su esplendorosa clámide; el valle adormecíase al conjuro de las primeras vaguedades precursoras de la noche; empezaban a esfumarse los contornos de los caseríos y de la arboleda; de vez en cuando turbaba el silencio la voz de alguno de los campesinos, que hablaba a distancia, o el rumoroso tintineo de las esquilas del ganado conducido a los apriscos por los pastores; algo dulce y sedante iba adueñándose del panorama, y allá en lo más hondo de etéreos abismos iban apareciendo los luceros y las estrellas, que parecían parpadear rutilantes y misteriosos.
¡Sé árbol! (dijo una voz en la distancia.) Y hubo un torrente de luceros sobre el cielo sin mancha. Yo me incrusté en el chopo centenario con tristeza y con ansia, cual Dafne varonil que huye miedosa de un Apolo de sombra y de nostalgia.
Beatriz, de mi admiración puedes argüir mi fineza; pues como a aquel que cegó, si vuelve a cobrar la vista, le deslumbra el esplendor; así, al volver a mirar, después de la intermisión de nuestra ausencia, en tus ojos el dulce divino ardor me deslumbran dos luceros, 65 Sin interrogación en C.: ¡Qué miro, es ilusión!
Pero sobre lo dicho, hijitos míos, mis ocelotitos y mis IZCUINTLITOS, florecer, como el universo en luceros, como la vegetación en la tierra, en amistad.
¡Qué diferencia! ¡Azofaifas los que fueron luceros matutinos y estrellas polares! ¡Los que fueron espejos donde bajaban a mirarse ángeles y serafines!
A sus bravos capitanes, humildes obedeciendo, forman un bosque de picas cuyas puntas son luceros, y donde los arcabuces, preñados de rayo y trueno, van pronto a llenar el aire de humo, plomo, muerte y miedo.
Dice un hombre que ha visto a Santiago En tropel con doscientos guerreros: Iban todos cubiertos de luces, Con guirnaldas de verdes luceros, Y el caballo que monta Santiago Era un astro de brillos intensos.
Ya verán: harán sudar a nuestros hermosos caballos en hipódromos absurdos donde correrán dando vueltas y vueltas a lo tonto para que un faraón del dinero se quede con fabulosas ganancias en estos torneos hípicos; luego explotarán nuestros ríos con maquinarias hidráulicas para generar luceros que compitan con nuestras estrellas en las noches de sus ciudades.
Y cuando con mil luceros En opulento derroche Se venga encima la noche, Obsequiará tus oídos Con sus monótons ruidos La serenata del coche.
Se enamoró hasta la coronilla de Visitación, gentil muchacha de veinte primaveras, con un palmito y un donaire y un aquel capaces de tentar al mismísimo general de los padres beletmitas, una cintura pulida y remonona de esas de mírame y no me toques, labios colorados como guindas, dientes como almendrucos, ojos como dos luceros y más matadores que espada y basto en el juego de tresillo o rocambor.