Ejemplos ?
"¡Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno!" salió exclamando el cura cuando Don Quijote hizo su última confesión de culpas y de locuras.
Y con este ensueño se derretían cada vez más, se animaban en la dulce guerra y entre risas, gaterías y pequeñas locuras insinuantes -a la hora en que del cubo de hielo salieron las botellas de argentada cápsula-, la alegría de la linda cena adquirió algo de insensiblemente pecaminoso, un tinte de elegante orgía, el que toman los fines de fiesta en los clubs de hombres, cuando se invita y obsequia a señoras de alta sociedad.
-Güeno -dijo la señora Rosario-, pus siendo asín, yo me voy y güervo en seguía, y tan y mientras yo güervo, usté se quea aquí un ratico con mi lucero, pero muchísimo cudiao con jacer locuras, agüelito; mucho cudiao, no sea cosa que al volver yo tenga que decirle a usté las yo no sé cuántas del barquero.
No diré yo que me parezca enteramente un demonio, pero sí que se necesita ser de pasta de ángeles, o quererlo, como yo lo quiero, por ley natural y por lástima, para aguantar sus impertinencias, ferocidades y locuras.
A menudo me fastidiaba que la última señora Margarita me obligara a pensar en ella de una manera tan pura, y tuve la idea de que debía seguirla en todas sus locuras para que ella me confundiera entre los recuerdos del marido, y yo, después, pudiera sustituirlo.
Muchos años hacía, también aquel millonario había creído, como el jornalero Bernardo, en el misterioso prestigio de la medicina infalible, en el don de salud de la receta cara; con vanidad, con orgullo, casi contento con tener que poner a prueba el poder mágico del dinero, creyendo que hasta alcanzaba a dar vida, energía, buenas carnes y buen humor, el Fúcar aquel había derrochado miles y miles en toda clase de locuras y lujos terapéuticos; conocía mejor, y por cara experiencia, las termas célebres de uno y otro país que el famoso Montaigne, tan perito en aguas saludables; no había aparato costoso, útil para sus males, que él no hubiera ensayado; en elixires, extractos y vinos nutritivos había empleado caudales...
–Con usted no se puede. Concrétese a trabajar con nuestros libros de texto y ya no haga estas locuras. Nuestras escuelas no son de experimentación.
¡Por fin, de nuevo! Viviremos en paz, y ojalá que mañana o pasado no amanezca con dolor de cabeza, para resurrección de las locuras.
Los que han merecido su lado son perjuros, acusadores, asesinos, sacrílegos y invencioneros, y estos últimos son los más a propósito para establecer su dominio; porque con arbitrios, quimeras, locuras y novedades distraen el juicio de los pueblos, y les desperdician la atención con el movimiento perpetuo de maquinaciones nunca oídas.
El hará lo que acostumbra: recurrirá a aquellas locuras suyas de que arrancan la risa en medio de los lloros, y primeramente se burlará de él mismo, después de nosotros, diciendo por adelantado todo lo que yo he de decirle.
Y el buen don Gil, que sabía las proezas de su hijo, le amonestaba prolijo cada noche y cada día. Mas él seguía sin tino dando brida a sus locuras, y diciendo «que aventuras buscar, era su destino».
A tal hora, si bien es la más animada de locuras, hállase ya cansado el cuerpo, turbia la vista, no quedando en el salón los que van «a dar una vuelta», sino sólo los verdaderos aficionados incorregibles.