lisonjero

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lisonjero, a

1. adj./ s. Que lisonjea o halaga tus lisonjeras palabras no le harán ceder. adulador
2. Que gusta o deleita tiene una voz dulce y lisonjera. agradable
3. Que promete o abre buenas perspectivas de futuro los resultados de las ventas son lisonjeros. halagüeño, prometedor
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

lisonjero, -ra

 
adj.-s. Que lisonjea.
fig.Que agrada y deleita.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.
Sinónimos

lisonjero

, lisonjera
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.

lisonjero:

zalameroagradable, grato, satisfactorio, halagador, elogioso, adulador, cobista,
Traducciones

lisonjero

Charmeur

lisonjero

pleasing

lisonjero

/a
A. ADJ
1. (= adulador) → flattering
2. (= agradable) → pleasing, agreeable
B. SM/Fflatterer
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005
Ejemplos ?
A mi hijo Edmundo Como el alma enajenada En su calma lisonjera Sólo venturas espera Con inocente inquietud. García Gutiérrez I Niño de blondos cabellos, süaves como la sonrisa del querub, que para jugar con ellos descienda mansa la brisa del azul.
Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado. No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera.
En su verdadero objeto es un repertorio de la vanidad; cuando una hermosa, por otra parte, le ha dispensado a usted la lisonjera distinción de suplicarle que incluya algo en su álbum, es muy natural pagarle en la misma moneda; de aquí el que la mayor parte de los versos contenidos en él suelen ser variaciones de distintos autores sobre el mismo tema de la hermosura y de la amabilidad de su dueño.
Con lisonjera sonrisa y cariñoso semblante, oye en silencio Genaro los desatinados lances que Federico le cuenta, entre los vapores suaves de su botella y su pipa que le exaltan por instantes.
En tanto que pasaban estas cosas, y el gato en sus amores discurría con ansias amorosas (porque no hay alma tan helada y fría, que Amor no agarre, prenda y engarrafe), Y el más alto tejado enternecía, aunque fuesen las tejas de Getafe, y ella, con ñifiñafe, se defendía con semblante airado, aquel de cielo y tierra monstro alado que, vestido de lenguas y de ojos, ya decrépito viejo con antojos, ya lince penetrante, por los tres elementos se pasea sin que nadie le vea, con la forma elegante de Zapaquilda discurrió ligero uno y otro hemisfero, aunque con las verdades lisonjera...
Y todos aplaudieron, y ya a darse por ejecutoriada la lisonjera solución, cuando entró de visita un caballero limeño que estaba a la sazón de tránsito en Guatemala, y que a juzgar por la gallardía y compostura de su persona y traje, debía ser hombre de fuste, de mucho fuste.
Soy dichoso, tú me amas, Soledad; ya nada siento más que placer y dicha. Tú el reposo vuelves al pecho mío. ¡Si te viera cuánto fuera mi suerte lisonjera! Pero ¿por qué no cesan mis pesares?
Esta resolución y la noticia del que en proa encendió luz lisonjera, salva a la nave de venirse a pique y hace que aquel mal se pacifique.
Los que asistían de continuo a formar el séquito de presuntos galanes de doña Inés de Tordesillas, que tal era el nombre de esta celebrada hermosura, a pesar de su carácter altivo y desdeñoso, no desmayaban jamás en sus pretensiones; y éste animado con una sonrisa que había creído adivinar en sus labios, aquél con una mirada benévola que juzgaba haber sorprendido en sus ojos; el otro, con una palabra lisonjera, un ligerísimo favor o una promesa remota, cada cual esperaba en silencio ser el preferido.
«¡Ay!, levantad los ojos a aquella celestial eterna esfera: burlaréis los antojos de aquesta lisonjera vida, con cuanto teme y cuanto espera.
Viérais entonces a ésta cambiar su tez de marfil por otra de encendidísima amapola; y este rubor ardiente, instantáneo, que ascendía como ola vital a aquella frente tan honesta, sería para el jinete -si lo pudiese comprender- cosa más dulce y lisonjera que todos los triunfos obtenidos sobre adversarios duchos en rendirse y contra fortalezas que rabiaban por facilitar al sitiador sus llaves.
El filósofo se hace cargo de su situación, la examina atentamente, conoce que no es tan lisonjera como él pudiera pintársela; pero vuelve los ojos a la naturaleza, medita sobre la perfección de sus obras, y pasando insensiblemente de una verdad en otra, se persuade al fin de que sus trabajos son en realidad un don de la naturaleza, un freno de sus pasiones, un estímulo a la virtud, y un principio benéfico de la felicidad de los pueblos.