lisis

lisis

(Del gr. lysis, disolución.)
1. s. f. BIOQUÍMICA Acción de algunos enzimas que consiste en la fragmentación de las grandes moléculas de algunos compuestos en moléculas más pequeñas.
2. BIOLOGÍA Destrucción o desintegración de un elemento orgánico como células o bacterias.
3. MEDICINA Desaparición lenta y progresiva de una enfermedad.
NOTA: En plural: lisis

lisis

 
f. biol. Destrucción de las membranas celulares y de las células.
Traducciones

lisis

lisi

lisis

f. lysis.
1. destruction or dissolution of red cells, bacteria, or any antigen by lysin;
2. gradual cessation of the symptoms of a disease.

lisis

f lysis; — de adherencias lysis of adhesions
Ejemplos ?
Pues viendo Lisis que ya la hermosa Filis se disponía para contar la suya, acompañada de los músicos, cantó estos burlescos madrigales: Entremos, pulga hermana, en cuenta vos y yo: ¿quién os ha dado condición tan tirana, valor tan fuerte y ánimo alentado, que no exceptáis persona?
Mientras Lisis oía mil alabanzas, y todo aquel ilustre auditorio se las daba, trocaron asientos Nise y Filis, la cual, estando todos atentos, dijo así: —Ya que la hermosa Nise ha declarado en su maravilla cuánta es la fuerza del amor, por seguir su estilo quiero en la mía probar cuánta es la fuerza de la virtud, dando premio a una dama a quien el desengaño de otra dio méritos para merecerle; para que los hombres entiendan que hay mujeres virtuosas, y que no es razón que por las malas pierdan las buenas, pues no todas merecen un lugar ni una opinión, y sin apartarme de la verdad, empiezo así
Esta opinión sustentó divinamente don Juan, llevando la joya prometida, no con pocos celos de don Diego y gloria de Lisarda, a quien la rindió al punto, dando a Lisis no pequeño pesar.
En esto entretuvieron gran parte de la noche, tanto que por no ser hora de representar la comedia, de común voto quedó para el día de la Circuncisión, que era el primero día del año, que se habían de desposar don Diego y la hermosa Lisis; y así, se fueron a las mesas que estaban puestas, y cenaron con mucho gusto, dando fin a la quinta noche, y yo a mi honesto y entretenido sarao, prometiendo si es admitido con el favor y gusto que espero, segunda parte, y en ésta el castigo de la ingratitud de don Juan, mudanza de Lisarda y boda de Lisis, si como espero, es estimado mi trabajo y agradecido mi deseo, y alabado, no mi tosco estilo, sino el deseo con que va escrito.
Y por fin, los galanes más enamorados, y las damas más envidiosas, y todos compitiendo en la imaginación sobre si estaba mejor con hierros o sin hierros, y casi se determinaban a sentir viéndola sin ellos, por parecerles más fácil la empresa; y más Lisis, que como la quería con tanta ternura, dejó caer por sus ojos unos desperdicios; mas, por no estorbarla, los recogió con sus hermosas manos.
Notable gusto dieron a los oyentes las bien cantadas liras, conociendo, como era la verdad, ser hechas para algún certamen, y dieron por ello muchas gracias a la divina Lisis, y más don Diego, que con cada verso que la hermosa dama cantaba, añadía muchas prisiones a su libertad, dando a don Juan mil celosos pesares, porque, aunque dio nombre a su desafío diferente, dando a entender que por haberle dicho que le temía como a poeta y no como alentado, que cierto era que quería a Lisarda y no aborrecía a Lisis, no querría que se quedase sin la una y la otra, pues a hombre tan mudable una celda sola le conviene.
Con tanto donaire y agrado contó la hermosa Lisarda esta maravilla, que colgados los oyentes de sus dulces razones y prodigiosa historia, quisieran que durara toda la noche; y así, conformes y de un parecer, comenzaron a alabarla y a darle las gracias de favor tan señalado, y más don Juan, que como amante, se despeñaba en sus alabanzas, dándole a Lisis con cada una la muerte...
Dio fin la noble y discreta Laura a su maravilla, y todas aquellas damas y caballeros principio a disputar cuál había hecho más, por quedar con la opinión de discreto; y porque la bella Lisis había puesto una joya para el que acertase.
Estaba Lisis vestida de una lama de plata morada, y al cuello una firmeza de diamantes, con una cifra del nombre de Diego, joya que aquel mismo día le envió su nuevo amante, en cambio de una banda morada, que ella le dio para que prendiese la verde cruz que traía; dando esto motivo a don Juan para algún desasosiego, si bien Lisarda con sus favores le hacía que se arrepintiese de tenerle.
Apenas dio fin la hermosa Lisis a su desengaño, cuando la linda doña Isabel, como quien tan bien sabía su intención, mientras descansaba para decir lo que para dar fin a este entretenido sarao faltaba, porque ya Lisis había comunicado con ella su intento, dejando el arpa, y tomando una guitarra, cantó sola lo que se sigue: «Al prado, en que espinas rústicas crían mis humores Sálicos, que de ausencias melancólicas es fruto que da mi ánimo, salgo a llorar de un cruelísimo olvido de un amor trágico, que si fuera dichosísimo, catara en estilo jácaro.
Quien más reparó en la pasión de Lisis fue don Diego, amigo de don Juan, caballero noble y rico, que sabía la voluntad de Lisis y despegos de don Juan, por haberle contado la dama sus deseos; y viendo ser tan honestos, que no pasaban los límites de la vergüenza, propuso, sintiendo ocupada el alma con la bella imagen de Lisis, pedirle a don Juan licencia para servirla, y tratar su casamiento.
a cuando doña Isabel acabó de cantar, estaba la divina Lisis sentada en el asiento del desengaño, habiéndola honrado todos cuantos había en la sala, damas y caballeros, como a presidente del sarao, con ponerse en pie, haciéndola cortés reverencia, hasta que se sentó.