licurgo


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licurgo -ga

  (de Licurgo, legislador)
adj. fig.Inteligente, astuto.
m. fig.Legislador.

Licurgo (Lykúrgos)

 
(s. IX a C?) Legislador de Esparta. Según la tradición, reformó las instituciones espartanas militares y civiles.
Sinónimos
Ejemplos ?
Y no hay nadie que no prefiera tales hijos a toda otra posteridad si considera y admira las producciones que Homero y Hesíodo dejaron y el renombre y el recuerdo inmortal que esos hijos inmortales proporcionan a sus padres; o bien si se acuerda de los hijos que Licurgo dejó a Lacedemonia, que fueron la salvación de aquella ciudad y hasta diría que de toda Grecia.
Librodot La filosofía en el tocador Marqués de Sade 71 cuanto existe en movimiento por esencia, el motor era inútil; se ha comprendido que ese dios quimérico, prudentemente inventado por los primeros legisladores, no era entre sus manos sino otro medio más para encadenarnos y que, reservándose el derecho de hacer hablar sólo ellos a ese fantasma, podían muy bien hacerle decir sólo aquello que apoyaba las leyes ridículas con que pretendían esclavizarnos. Licurgo...
El etcoetera es de mármol, cuyos relieves ocultos ultraje mórbido hicieran a los divinos desnudos la vez que se vistió Paris la garnacha de Licurgo cuando Palas por vellosa y por zamba perdió Juno.
Cubre piel de pantera su espalda, Y el ardor de sus venas rescalda La resina que el pino sudó. Aquel dios que domaba a Penteo Y a Licurgo, sacrílego reo, En su pecho domina feroz.
Sócrates ¿Pero qué?, cuando un orador o un rey, revestido del poder de un Licurgo, de un Solón, de un Darío, se inmortaliza en un Estado, como autor de discursos, no se mira a sí mismo, como un semi-dios durante su vida, y la posteridad, ¿no tiene de él la misma opinión, en consideración a sus escritos?
Hay distante de Troya una vasta región favorecida de Marte, poblada por los Tracios, en la cual reinó en otro tiempo el cruel Licurgo, y que en los días de prosperidad para nosotros fue de muy antiguo nuestra aliada y amiga.
Animo, pues, respetables individuos de nuestro Congreso; dedicad vuestras meditaciones al conocimiento de nuestras necesidades; medid por ellas la importancia de nuestras relaciones; comparad los vicios de nuestras instituciones con la sabiduría de aquellos reglamentos que formaron la gloria y esplendor de los antiguos pueblos de la Grecia; que ninguna dificultad sea capaz de contener la marcha majestuosa del honroso empeño que se os ha encomendado; recordad la máxima memorable de Foción, que enseñaba a los atenienses pidiesen milagros a los dioses, con lo que se pondrían en estado de obrarlos ellos mismos; animaos del mismo entusiasmo que guiaba los pasos de Licurgo...
La historia del dios estaba dentro pintada: Semele, pariendo; Ariadna, dormida; encadenado, Licurgo; despedazado, Penteo; vencidos, los indios; los tirrenos, transformados.
¿De qué modo se establecerá la obediencia del pueblo sin los riesgos de caer en el abatimiento, o se promoverá su libertad sin los peligrosos escollos de una desenfrenada licencia? Licurgo fue el primero que, trabajando sobre las meditaciones de Minos, encontró en la división de los poderes el único freno para contener al magistrado en sus deberes.
Tú me consientes ensalzar la gloria de tu divina esposa, que fulgura en el cielo, la mansión de Penteo, destrozada con miserable ruina, y la muerte del tracio Licurgo.
Pero al modo que entre los áticos se da el primer lugar a Demóstenes, y obtienen el próximo Hypérides, Lisias y Licurgo, y por consentimiento general se celebra particularmente esta edad de los oradores, así entre nosotros Cicerón sobresalió entre todos los demás elocuentes del mismo tiempo.
Entre esa inmensa cantidad de partículas a la vez inmortales, divinas e infinitamente pequeñas en que el Dios hijo se diseminó hasta el punto de no poder volver a reconocerse, el Dios padre eligió las que le agradaron más y las hizo sus inspirados, sus profetas, sus “hombres de genio virtuosos”, los grandes bienhechores y legisladores de la humanidad: Zoroastro, Buda, Moisés, Confucio, Licurgo...